douglas
Poeta recién llegado
Me acostumbré al olor de tu perfume,
a la brisa de tu sonrisa,
al terciopelo de tu piel,
a tus dulces caricias.
Me acostumbre a tu sonora melodia,
a tus sentimientos puros,
a tus brillante lucidez,
a tu inocencia, María.
Me acostumbré a tenerte entre mis brazos,
a morder tus labios,
a escuchar tus suspiros profundos,
de felicidad y alegría.
Me acostumbre a coger tus manos,
a aprisionarlas entre las mías,
a reir contigo,
a soñar lo que nos favorecía.
Me acostumbré a tantas cosas, tantas María,
que cada día sin ti,
para mí no es día,
sólo es un tránsito sin guía.
Por eso te diré hoy y siempre,
te quiero María.
a la brisa de tu sonrisa,
al terciopelo de tu piel,
a tus dulces caricias.
Me acostumbre a tu sonora melodia,
a tus sentimientos puros,
a tus brillante lucidez,
a tu inocencia, María.
Me acostumbré a tenerte entre mis brazos,
a morder tus labios,
a escuchar tus suspiros profundos,
de felicidad y alegría.
Me acostumbre a coger tus manos,
a aprisionarlas entre las mías,
a reir contigo,
a soñar lo que nos favorecía.
Me acostumbré a tantas cosas, tantas María,
que cada día sin ti,
para mí no es día,
sólo es un tránsito sin guía.
Por eso te diré hoy y siempre,
te quiero María.