Von Lioncourt
Poeta recién llegado
Le llamo, constante, insesante,
le llamo, más insistente que la lluvia;
calladamente lanzo al viento
su nombre, que le amo.
Cada día es una espera agonizante
de que escuche mis lamentos
como voces misteriosas, que me mire a los ojos,
que consuele mi sufrir.
A sol y a luna yo le llamo,
creyendo que la fuerza de mi pensamiento
le alcance en la distancia,
que soy ya quien le ama.
Mientras tanto también al cielo ruego
que responda a mis plegarias le suplico,
que comprenda que mi amor es igual que música:
armonía inmortal, claroscura realidad.
Sigo llamándole y confío en transmitirle mi cariño,
que entienda que no importa el tiempo y lo pasado
que la distancia es mera invención,
que le extraño, que le amo.
Seré tonta persiguiendo al amor mío,
anhelando su regreso,
añorando progresiva melodía,
aliviando mi deseo con el recuerdo...
Y le llamo, constante, insesante...
le llamo, más insistente que la lluvia;
calladamente lanzo al viento
su nombre, que le amo.
Cada día es una espera agonizante
de que escuche mis lamentos
como voces misteriosas, que me mire a los ojos,
que consuele mi sufrir.
A sol y a luna yo le llamo,
creyendo que la fuerza de mi pensamiento
le alcance en la distancia,
que soy ya quien le ama.
Mientras tanto también al cielo ruego
que responda a mis plegarias le suplico,
que comprenda que mi amor es igual que música:
armonía inmortal, claroscura realidad.
Sigo llamándole y confío en transmitirle mi cariño,
que entienda que no importa el tiempo y lo pasado
que la distancia es mera invención,
que le extraño, que le amo.
Seré tonta persiguiendo al amor mío,
anhelando su regreso,
añorando progresiva melodía,
aliviando mi deseo con el recuerdo...
Y le llamo, constante, insesante...