duf9991
Poeta adicto al portal
¡Uf! Dime tú
si las prendas no empezaron a ser estorbo.
Dile a tu boca cruel, descarada y mentirosa
que me cuente los menesteres que tus labios
tenían aquella noche,
y dime tú
si el fuego de la pasión no quemó la pizca
de razón que quedaba en tu ropaje.
Dime tú
si el encanto de tu piel al roce de la mía
no sedujo a Lucifer a abrasar la habitación
y dominar mi alma y hacer que dominara tu cuerpo
cuan caballo seductor.
Dime tú
si mis manos tercas y calientes al tocar tu piel erizada
no hacían que se suicidara el frío de las sábanas
haciéndolas quemar.
Dime tú
si el viento no dejó de soplar, rendido ante las llamas
de la enardecida excitación que en la cama temblaba,
y si el mismísimo Lucifer no quebrantó sus intentos
de llevar nuestras almas al mismísimo infierno
pues vio que esas eran las mismísimas llamas
de su hogar enarbolado en la tierra.
Dile a tus suaves, delicadas y sabias manos
que le digan a sus yemas que le digan a sus músculos
que le digan a sus nervios que digo yo
que si aquella noche no fue genial y de locura.
si las prendas no empezaron a ser estorbo.
Dile a tu boca cruel, descarada y mentirosa
que me cuente los menesteres que tus labios
tenían aquella noche,
y dime tú
si el fuego de la pasión no quemó la pizca
de razón que quedaba en tu ropaje.
Dime tú
si el encanto de tu piel al roce de la mía
no sedujo a Lucifer a abrasar la habitación
y dominar mi alma y hacer que dominara tu cuerpo
cuan caballo seductor.
Dime tú
si mis manos tercas y calientes al tocar tu piel erizada
no hacían que se suicidara el frío de las sábanas
haciéndolas quemar.
Dime tú
si el viento no dejó de soplar, rendido ante las llamas
de la enardecida excitación que en la cama temblaba,
y si el mismísimo Lucifer no quebrantó sus intentos
de llevar nuestras almas al mismísimo infierno
pues vio que esas eran las mismísimas llamas
de su hogar enarbolado en la tierra.
Dile a tus suaves, delicadas y sabias manos
que le digan a sus yemas que le digan a sus músculos
que le digan a sus nervios que digo yo
que si aquella noche no fue genial y de locura.
¿Entonces ahora por qué niegas lo innegable?
¿Por qué ocultas la verdad detrás de tus ojos?
Tú sabes que aquella noche sí fue mía y tuya,
que sí fuiste mía, que no fue un sueño
que nos poseyó el mismísimo Mefistófeles
lujurioso y diabólicamente apasionado,
que tus manos exploraron lugares en mi cuerpo que ni yo mismo
había tocado jamás,
que nuestras almas se fundieron con el calor de las persianas
que la vida se hizo añicos, que ya nada importó
más que el orgasmo gigante, más que el olor de nuestra piel
más que las lenguas mojando lugares inesperados
más que tus ojos mirando endiabladamente los míos
más que mis dedos agarrando firmemente tus cabellos
más que mi miembro erectado rozando tus piernas virginales
más que tus sentidos desorientados y mis dientes afilados.
Dime tú.
¿Por qué lo niegas?
¿Por qué ocultas la verdad detrás de tus ojos?
Tú sabes que aquella noche sí fue mía y tuya,
que sí fuiste mía, que no fue un sueño
que nos poseyó el mismísimo Mefistófeles
lujurioso y diabólicamente apasionado,
que tus manos exploraron lugares en mi cuerpo que ni yo mismo
había tocado jamás,
que nuestras almas se fundieron con el calor de las persianas
que la vida se hizo añicos, que ya nada importó
más que el orgasmo gigante, más que el olor de nuestra piel
más que las lenguas mojando lugares inesperados
más que tus ojos mirando endiabladamente los míos
más que mis dedos agarrando firmemente tus cabellos
más que mi miembro erectado rozando tus piernas virginales
más que tus sentidos desorientados y mis dientes afilados.
Dime tú.
¿Por qué lo niegas?
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