lauflorcita
Poeta que considera el portal su segunda casa
Era seis de julio
Recuerdo haberte dicho
que ya era hora
de poner las cartas
sobre la mesa.
Pero ya era tarde.
Todo estaba fríamente calculado.
Ella te esperaba
tras el telón de este escenario,
donde la función acabaría
para esperar la llegada
de ese pequeño;
que, más tarde,
te llamaría papá.
Y mataron el amor
que con esfuerzo construimos,
condenándote de por vida
a ser el mayor
de los infelices.
¿Y son ellos, acaso,
los que más te quieren?
Y hoy, seis meses después
de acabar la función,
me resisto
a salir de este escenario.
Me sostengo
y te sostengo...
aunque pases las noches
del otro lado del telón.
Y así...
nos despojaron de sentimientos,
nos dejaron las noches
amargas y vacías,
llenas de rabia,
muertas en lágrimas
que hoy se entremezclan
con las mismas lágrimas
de ese pequeño;
que, en pocos meses,
te dirá papá.
Por cierto, mi amor,
era de esperar
que no tendríamos suerte.
Y yo aquí...
que aún sigo escribiéndote
todos los días
a las seis de la tarde.
Recuerdo haberte dicho
que ya era hora
de poner las cartas
sobre la mesa.
Pero ya era tarde.
Todo estaba fríamente calculado.
Ella te esperaba
tras el telón de este escenario,
donde la función acabaría
para esperar la llegada
de ese pequeño;
que, más tarde,
te llamaría papá.
Y mataron el amor
que con esfuerzo construimos,
condenándote de por vida
a ser el mayor
de los infelices.
¿Y son ellos, acaso,
los que más te quieren?
Y hoy, seis meses después
de acabar la función,
me resisto
a salir de este escenario.
Me sostengo
y te sostengo...
aunque pases las noches
del otro lado del telón.
Y así...
nos despojaron de sentimientos,
nos dejaron las noches
amargas y vacías,
llenas de rabia,
muertas en lágrimas
que hoy se entremezclan
con las mismas lágrimas
de ese pequeño;
que, en pocos meses,
te dirá papá.
Por cierto, mi amor,
era de esperar
que no tendríamos suerte.
Y yo aquí...
que aún sigo escribiéndote
todos los días
a las seis de la tarde.
::::
::
::