AMANT
Poeta adicto al portal
_¿Qué te sucede? ¿Ya no me amas?_ me dijiste
y la tristeza brotó al par de tus palabras.
_ No lo sé_ respondí con voz sutil y álgida
y mire mi mano, por la tuya asida.
Nuestro edénico matrimonio
Se había trocado, de pronto
en una infernal prisión,
en mordaza
tus labios
y en cadenas tus brazos.
Lo cierto era que aquellos días
en que todo era soñar
no volverían.
Ya no habría
tiernos besos,
que cual bálsamos
curaran cualquier herida
ni canciones de amor
que armonizaran
con lo que sentía.
¡Vuelve, amor desgraciado!
¿Por qué llegaste de pronto
y así también te fuiste?
De rosáceas ilusiones coloreaste mi vida
y hoy pintas de penumbrosa soledad
y de sombría amargura
las paredes del alma mía,
donde cuelgan los cuadros
de la melancolía
y pende de un hilo, como
una tarántula, mi cordura.
De repente, me besaste y escuché la risa
burlona de la nada.
Luego te abracé fuertemente
anhelante de que todo fuera como antes ,
mas el aire estaba perfumado de dolor.
Deseaba escapar, pero
cual magneto la inercia
me atraía hacia ti.
Entonces me envolví en la costumbre,
acogedora sábana,
y exclamé:
¡No me dejes nunca!
y la tristeza brotó al par de tus palabras.
_ No lo sé_ respondí con voz sutil y álgida
y mire mi mano, por la tuya asida.
Nuestro edénico matrimonio
Se había trocado, de pronto
en una infernal prisión,
en mordaza
tus labios
y en cadenas tus brazos.
Lo cierto era que aquellos días
en que todo era soñar
no volverían.
Ya no habría
tiernos besos,
que cual bálsamos
curaran cualquier herida
ni canciones de amor
que armonizaran
con lo que sentía.
¡Vuelve, amor desgraciado!
¿Por qué llegaste de pronto
y así también te fuiste?
De rosáceas ilusiones coloreaste mi vida
y hoy pintas de penumbrosa soledad
y de sombría amargura
las paredes del alma mía,
donde cuelgan los cuadros
de la melancolía
y pende de un hilo, como
una tarántula, mi cordura.
De repente, me besaste y escuché la risa
burlona de la nada.
Luego te abracé fuertemente
anhelante de que todo fuera como antes ,
mas el aire estaba perfumado de dolor.
Deseaba escapar, pero
cual magneto la inercia
me atraía hacia ti.
Entonces me envolví en la costumbre,
acogedora sábana,
y exclamé:
¡No me dejes nunca!
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