legendario
Poeta que considera el portal su segunda casa
Qué de volar,
volaste;
te escurriste como un pez
entre mis manos
y en el aire,
tu silueta se hizo puntiforme;
escapaste a la mirada,
mientras el cordón umbilical,
se retorcía
Cuán terrible dolor,
se desagarró mi pecho
y el corazón extraído,
tan sólo dejó un hueco;
aprendí a vivir en el vacío
que ahondó el desamor,
amor que a otro pecho henchía
Tétricas noches,
patéticos amaneceres,
canción de cuna
cerrándome los párpados
que aún pesados, no caían
Palabras consoladoras
con sabor a pésame
sacudiendo mi esencia
y pellizcando mi piel,
diciéndome que hay vida
Me acerco por la verja
para ver si las rosas
aún tienen espinas,
si los claveles huérfanos,
la tarde entintan
Te espero temeroso,
llegué antes de la cita;
tú, como siempre fría;
también hay en tu pecho
una oquedad vacía,
alguien se desprendió de ti
como tú, de mi vida
volaste;
te escurriste como un pez
entre mis manos
y en el aire,
tu silueta se hizo puntiforme;
escapaste a la mirada,
mientras el cordón umbilical,
se retorcía
Cuán terrible dolor,
se desagarró mi pecho
y el corazón extraído,
tan sólo dejó un hueco;
aprendí a vivir en el vacío
que ahondó el desamor,
amor que a otro pecho henchía
Tétricas noches,
patéticos amaneceres,
canción de cuna
cerrándome los párpados
que aún pesados, no caían
Palabras consoladoras
con sabor a pésame
sacudiendo mi esencia
y pellizcando mi piel,
diciéndome que hay vida
Me acerco por la verja
para ver si las rosas
aún tienen espinas,
si los claveles huérfanos,
la tarde entintan
Te espero temeroso,
llegué antes de la cita;
tú, como siempre fría;
también hay en tu pecho
una oquedad vacía,
alguien se desprendió de ti
como tú, de mi vida