Alida Yépez
Poeta asiduo al portal
¡Qué tristeza la que quiero y debo ocultar!,
que me acerca más al filo de la desdicha....
Estoy aprendiendo a llorarlo sin derramar lágrimas;
creo me ahogo en ese llanto de resignación.
Por qué escribirte, para qué esperarte
si ya pasamos al antagonista del amor
la indiferencia,
que es peor que el mismo odio.
Indiferencia que envenena
y a la vez regenera
es posible que muera ahora,
la mujer que amaste.
Es un duelo necesario,
tal vez por capricho o por egoísmo de la vida,
tal vez por el crimen de amarte así.
Tal vez el mejor veredicto.
Seré entonces la prisionera
de la fortaleza que deberé crear
para no sufrir, para no llorar
para olvidarte u ocultarte.
¿Será que el amor nos hace idiotas?
¿o es él el idiota?
creo que somos tontos al creer en él
parece que le causa placer el hacernos sufrir,
y aún así abrimos los brazos.
¡Años!, necesitaré más años.
porque el tiempo esta torturándome
con el pasar de estos segundos
que se pierden sin tenerte.
Necesitaré tantas cosas
que sólo tú me podías dar.
Pero perdimos la fe
y no la buscamos.
¡Maldito orgullo!
pudo más que yo.
Puede más que el amor
que hubo entre los dos.
Alida Yépez
que me acerca más al filo de la desdicha....
Estoy aprendiendo a llorarlo sin derramar lágrimas;
creo me ahogo en ese llanto de resignación.
Por qué escribirte, para qué esperarte
si ya pasamos al antagonista del amor
la indiferencia,
que es peor que el mismo odio.
Indiferencia que envenena
y a la vez regenera
es posible que muera ahora,
la mujer que amaste.
Es un duelo necesario,
tal vez por capricho o por egoísmo de la vida,
tal vez por el crimen de amarte así.
Tal vez el mejor veredicto.
Seré entonces la prisionera
de la fortaleza que deberé crear
para no sufrir, para no llorar
para olvidarte u ocultarte.
¿Será que el amor nos hace idiotas?
¿o es él el idiota?
creo que somos tontos al creer en él
parece que le causa placer el hacernos sufrir,
y aún así abrimos los brazos.
¡Años!, necesitaré más años.
porque el tiempo esta torturándome
con el pasar de estos segundos
que se pierden sin tenerte.
Necesitaré tantas cosas
que sólo tú me podías dar.
Pero perdimos la fe
y no la buscamos.
¡Maldito orgullo!
pudo más que yo.
Puede más que el amor
que hubo entre los dos.
Alida Yépez
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