Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Che.
Yo os digo, morimos cada amanecer contigo en La Higuera,
para nacer con los sueños palpitantes de tu memoria,
la esperanza en la punta de los dedos para tocar las almas
de la humanidad que nos rodea...
Para tocar la cobardía generada por tus visiones,
aún después de cuarenta años de tu silencio.
Cada mañana compartimos contigo el crimen cometido,
soñar la felicidad simplemente,
el hombre despojado de la avaricia ilimitada.
Yo os digo, que tus acciones hablaron más alto que tus palabras.
El trazo de vida que fuiste, el legado del sacrificio sublime,
hombre menos comprendido...
Yo os digo, hermanos, cada mañana cuando nuestra sangre
se escapa de nuestros cuerpos,
para saciar la tierra de América, del planeta, de la humanidad,
cerramos el círculo empezado por él.
Cuando besamos la esposa, la amante mujer
y el niño brota como una flor,
como un maíz mimado en su oro,
como la cepa del plátano para renacer,
como la papa bendita de los quechuas,
yo os digo, somos él, esencia y desenlace.
Vivimos cada día, cara a cara, con la presencia del crimen.
Yo os digo, morimos cada amanecer contigo en La Higuera,
para nacer con los sueños palpitantes de tu memoria,
la esperanza en la punta de los dedos para tocar las almas
de la humanidad que nos rodea...
Para tocar la cobardía generada por tus visiones,
aún después de cuarenta años de tu silencio.
Cada mañana compartimos contigo el crimen cometido,
soñar la felicidad simplemente,
el hombre despojado de la avaricia ilimitada.
Yo os digo, que tus acciones hablaron más alto que tus palabras.
El trazo de vida que fuiste, el legado del sacrificio sublime,
hombre menos comprendido...
Yo os digo, hermanos, cada mañana cuando nuestra sangre
se escapa de nuestros cuerpos,
para saciar la tierra de América, del planeta, de la humanidad,
cerramos el círculo empezado por él.
Cuando besamos la esposa, la amante mujer
y el niño brota como una flor,
como un maíz mimado en su oro,
como la cepa del plátano para renacer,
como la papa bendita de los quechuas,
yo os digo, somos él, esencia y desenlace.
Vivimos cada día, cara a cara, con la presencia del crimen.