Curandera
Poeta recién llegado
Expiro el último soberbio aroma
Que del jardín desterrado emana.
Me pierdo rendida entre la libertad,
Que oculta los cipreses cansados,
Con sus siluetas alargadas y macabras,
Que ocultan las tumbas solitarias,
De muchas almas muertas engendradas.
Despierto caminando sola,
El viento veloz azota mi cara,
Toco el veneno que supuran,
Las hojas revestidas alboreadas.
Fugaz rayo de Sol que sacia,
De luz mis pupilas torturadas,
La oscuridad se hacía pesada,
Las heridas escuecen al rozar
La desnudez mordaz de los pies,
Con las piedras punzantes del camino.
Se despeja mi pensamiento,
Se pierden las voces a lo lejos,
Se acerca tu mano liviana,
Rozas amoroso mi agria cara.
Socavas mi sonrisa olvidadiza,
Y secas las lágrimas que escapan,
Rodando por mis pálidas mejillas,
Sintiendo que el amor se seca.
Me vuelves a acunar en tus brazos,
Hasta que caigo en profundo sueño,
Oigo en susurros un Te Quiero,
Lo aprieto fuerte contra mi pecho.
Y canto lecciones olvidadas,
Recuerdos e historias pasadas
Canto al respiro que me otorga,
Tu beso plasmado en mi boca,
Tu caricia pintando mi cuerpo,
Tu voz aplacando mi miedo.
Como el ave fénix
De sus cenizas
Yo vuelvo de la muerte
De nuevo a la vida.
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