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Poeta recién llegado
...Orestes va al mar
Patroclo, Pílades y Mercuccio: son todos ellos
...yo mismo.
Soy cordero y león, vida y ocaso; hace muchos años
...que no me conocen los dinosaurios;
fue Max Planck quien describió el dolor
de la incertidumbre cuántica de los estegosaurios.
...aleados de rabia, Pílades y yo,
dimos muerte a mi puta madre. la ira de dios escupió
sobre mi nombre y, su castigo nunca me ha dejado morir.
...traigo aquí tu cuerpo hoy,
bienamado Pílades; estos ojos, sabes bien son tuyos,
sin embargo, han visto derrumbar mi cuerpo.
viven en mis manos, rojos alhelíes; han caído Solimán y Constantino,
han caído Lennon y Jesús, ha caído tu cuerpo y he tomado el mío.
...dile a mi padre: el conductor de hombres.
que un puño de valientes destruyó a la diosa Artemis, y
con la invención de un hombre --cuya tribu fue esclava de Akenatón--,
...Oppenheimer destruyó el nido de Hirohito.
...Esta es mi muerte:
el acero tibio y veloz que ha besado a Mercuccio,
ha desbastado mi corazón y el mar, que se bebió
las cenizas de Patroclo,
también me ha expulsado de su azul placenta.
Patroclo, Pílades y Mercuccio: son todos ellos
...yo mismo.
Soy cordero y león, vida y ocaso; hace muchos años
...que no me conocen los dinosaurios;
fue Max Planck quien describió el dolor
de la incertidumbre cuántica de los estegosaurios.
...aleados de rabia, Pílades y yo,
dimos muerte a mi puta madre. la ira de dios escupió
sobre mi nombre y, su castigo nunca me ha dejado morir.
...traigo aquí tu cuerpo hoy,
bienamado Pílades; estos ojos, sabes bien son tuyos,
sin embargo, han visto derrumbar mi cuerpo.
viven en mis manos, rojos alhelíes; han caído Solimán y Constantino,
han caído Lennon y Jesús, ha caído tu cuerpo y he tomado el mío.
...dile a mi padre: el conductor de hombres.
que un puño de valientes destruyó a la diosa Artemis, y
con la invención de un hombre --cuya tribu fue esclava de Akenatón--,
...Oppenheimer destruyó el nido de Hirohito.
...Esta es mi muerte:
el acero tibio y veloz que ha besado a Mercuccio,
ha desbastado mi corazón y el mar, que se bebió
las cenizas de Patroclo,
también me ha expulsado de su azul placenta.