Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
Oscura y densa soledad aprisiona hoy mi alma.
Lacerándome está la daga incipiente del olvido...
Su recuerdo se ha incrustado debajo de mis alas.
Y ya no encuentro, de vivir, razones ni motivos...
Pensando en mi supervivencia, reclamo luz y calma...
Pero no hay faro de luz que ilumine mi destino...
Y si en mi puerto, pronto no le avisto, seguro morirá
ahogado en su dolor, este amor, ¡por Dios, no me resigno!
Y por dejar pasar sólo un minuto más...
¡Ay dolor!, la soledad es hoy mi castigo.
Me doy cuenta de la cruda realidad,
y lo mucho que necesito de su abrigo.
¡Ay dolor!, es la más absoluta verdad:
que las lágrimas de sangre me hacen nido...
¡No me tienten!, ¡déjenme en mi terquedad!
Que la pasión y los brazos, que hoy prescindo
no me placen..., y no remueven de mí la adversidad,
pues para el recuerdo de unos besos, ahora vivo;
que me arden..., que me invaden cuál fantasmas,
y me llevan..., y seducen, al placer de revivirlos...
Lacerándome está la daga incipiente del olvido...
Su recuerdo se ha incrustado debajo de mis alas.
Y ya no encuentro, de vivir, razones ni motivos...
Pensando en mi supervivencia, reclamo luz y calma...
Pero no hay faro de luz que ilumine mi destino...
Y si en mi puerto, pronto no le avisto, seguro morirá
ahogado en su dolor, este amor, ¡por Dios, no me resigno!
Y por dejar pasar sólo un minuto más...
¡Ay dolor!, la soledad es hoy mi castigo.
Me doy cuenta de la cruda realidad,
y lo mucho que necesito de su abrigo.
¡Ay dolor!, es la más absoluta verdad:
que las lágrimas de sangre me hacen nido...
¡No me tienten!, ¡déjenme en mi terquedad!
Que la pasión y los brazos, que hoy prescindo
no me placen..., y no remueven de mí la adversidad,
pues para el recuerdo de unos besos, ahora vivo;
que me arden..., que me invaden cuál fantasmas,
y me llevan..., y seducen, al placer de revivirlos...
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:: me encanto leerte poetisa ::