BEATRIZ OJEDA
Poeta adicto al portal
VENGANZA DE UN RETRATO
Pinto tu desnudez de blanca luna
espalda plana de doncella virgen.
Cabello ensortijado e indomable
irrespetuoso acaricia tus caderas.
Afiebrada luz despierta en tu mirada
pechos de lirios níveos en suspenso
y tu pasión desmedida ya se expande
entre los muslos firmes apretados.
Bella como una esfinge de placer
permaneces inmóvil en tu pose
Cuerda herida tiembla entre tus manos
atadas a la red de la violencia.
Esperas a la noche voluptuosa
inviertes cada instante en seducirme
silenciosa por horas te contemplo
plasmando tu belleza en tela ardiente.
Cruzando la frontera del secreto
gobernando el instinto,
la pasión ciega, genuina, inacabable, peligrosa,
nos envuelve en su canto de deseo.
Descubro tus colinas y tus valles
disfruto cada celda de tus mieles
Desciendo al infierno en que me quemo
calcinado en tu flor muero indefenso.
Despierto con la lámina del sol,
solo estoy en mi lecho sin conciencia.
Más la imagen del cuadro se ha borrado
el lienzo está vacío y ella vuela.
Es tu retrato etéreo que transita
por la pared oscura de mi cuarto
celoso de mi hambre de tu fuego
clavó barrotes en la puerta de mi casa.
No dejará que retornes esta noche
no tendremos más piel ni más abrazos
la sombra de tu imagen nos condena
a vivir en un sueño sin contacto.
BEATRIZ OJEDA
Pinto tu desnudez de blanca luna
espalda plana de doncella virgen.
Cabello ensortijado e indomable
irrespetuoso acaricia tus caderas.
Afiebrada luz despierta en tu mirada
pechos de lirios níveos en suspenso
y tu pasión desmedida ya se expande
entre los muslos firmes apretados.
Bella como una esfinge de placer
permaneces inmóvil en tu pose
Cuerda herida tiembla entre tus manos
atadas a la red de la violencia.
Esperas a la noche voluptuosa
inviertes cada instante en seducirme
silenciosa por horas te contemplo
plasmando tu belleza en tela ardiente.
Cruzando la frontera del secreto
gobernando el instinto,
la pasión ciega, genuina, inacabable, peligrosa,
nos envuelve en su canto de deseo.
Descubro tus colinas y tus valles
disfruto cada celda de tus mieles
Desciendo al infierno en que me quemo
calcinado en tu flor muero indefenso.
Despierto con la lámina del sol,
solo estoy en mi lecho sin conciencia.
Más la imagen del cuadro se ha borrado
el lienzo está vacío y ella vuela.
Es tu retrato etéreo que transita
por la pared oscura de mi cuarto
celoso de mi hambre de tu fuego
clavó barrotes en la puerta de mi casa.
No dejará que retornes esta noche
no tendremos más piel ni más abrazos
la sombra de tu imagen nos condena
a vivir en un sueño sin contacto.
BEATRIZ OJEDA