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Christian
A Rosana
Yo quiero explicarte esta maniobra,
que no es obra de la dura virtud de una neurona,
sino acaso una especie de estructura
que se erige en el segundo que no late en cada beso
y en el latido continuo que nos besa a cada segundo.
Yo me escapo a plena luz del día
para que todos se den cuenta
que no quiero abandonarme
en el silencio que no calla,
ni desaparecer
colgado de tu cuello,
como una sombra
vestida de amarillo.
Quiero que sientas en mis dedos
el sabor que tiene tu figura,
o que escuches como miran mis miradas
que se duermen a tu lado.
Yo quiero explicarte esta maniobra y tantas otras,
como ese que predice los inviernos,
como aquel que disfruta de insomnio,
como un juez bajando el martillo,
como un tenue desprecio a la muerte.
No sé si me explico,
quizá no haga falta más que abrazarte,
tal vez sea bueno abandonarse un instante
o dos, o quién sabe cuántos
en ese silencio que no calla,
porque
yo quiero explicarte esta maniobra
y quizá no haga falta más que abrazarte.
Yo quiero explicarte esta maniobra,
que no es obra de la dura virtud de una neurona,
sino acaso una especie de estructura
que se erige en el segundo que no late en cada beso
y en el latido continuo que nos besa a cada segundo.
Yo me escapo a plena luz del día
para que todos se den cuenta
que no quiero abandonarme
en el silencio que no calla,
ni desaparecer
colgado de tu cuello,
como una sombra
vestida de amarillo.
Quiero que sientas en mis dedos
el sabor que tiene tu figura,
o que escuches como miran mis miradas
que se duermen a tu lado.
Yo quiero explicarte esta maniobra y tantas otras,
como ese que predice los inviernos,
como aquel que disfruta de insomnio,
como un juez bajando el martillo,
como un tenue desprecio a la muerte.
No sé si me explico,
quizá no haga falta más que abrazarte,
tal vez sea bueno abandonarse un instante
o dos, o quién sabe cuántos
en ese silencio que no calla,
porque
yo quiero explicarte esta maniobra
y quizá no haga falta más que abrazarte.
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