Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Montado, mi potro negro
cabriolea de feliz.
Sabe que te voy a ver,
que esperanzado en tu ser,
de luto y plata me he puesto.
Mi daga, con siete marcas
en su cabo asta de ciervo,
demuestra que fueron siete,
las veces que éste jinete
venciese en forma bizarra.
Mi chaqueta, cual tesoro
de campera tradición,
corta, deja que mi cinto,
herencia de mi abuelito
destelle su plata y oro.
Y mi sombrero inclinado,
(pa que los descubras tú)
embozándome los ojos,
me los guarda misteriosos
mirándote de soslayo.
Y bailando mi caballo,
(celando mi clavel rojo)
en cerril y tosca ofrenda,
arabescos en la tierra,
te labra batiendo cascos.
Y me digo: Tanto alarde
de gentil demostración;
si me niegas tu mirada,
sé que todo valdrá nada...
¡Ni el consuelo de mi madre!
Pero al verte sonreír:
que si, tú me estás diciendo,
¡y contra todo adversario!
Pero pa bien comprobarlo,
¡de noche vendré por ti!
©Juan Oriental
cabriolea de feliz.
Sabe que te voy a ver,
que esperanzado en tu ser,
de luto y plata me he puesto.
Mi daga, con siete marcas
en su cabo asta de ciervo,
demuestra que fueron siete,
las veces que éste jinete
venciese en forma bizarra.
Mi chaqueta, cual tesoro
de campera tradición,
corta, deja que mi cinto,
herencia de mi abuelito
destelle su plata y oro.
Y mi sombrero inclinado,
(pa que los descubras tú)
embozándome los ojos,
me los guarda misteriosos
mirándote de soslayo.
Y bailando mi caballo,
(celando mi clavel rojo)
en cerril y tosca ofrenda,
arabescos en la tierra,
te labra batiendo cascos.
Y me digo: Tanto alarde
de gentil demostración;
si me niegas tu mirada,
sé que todo valdrá nada...
¡Ni el consuelo de mi madre!
Pero al verte sonreír:
que si, tú me estás diciendo,
¡y contra todo adversario!
Pero pa bien comprobarlo,
¡de noche vendré por ti!
©Juan Oriental
::