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A mamá

carlos lopez dzur

Poeta que considera el portal su segunda casa
... a mamá, Doña Yuya, que me dio
recursos de sobrevivencia y reconciliación

Dependiente de la existente Humanidad
no he sido nunca. Confié la esencia humana
a las manos que me heredaste, mamá,
manos en alzamiento productivo,
a mis hombros y mis brazos,
polvorientos o limpios, manos sinceras,
pero en objetividad incondicionada.

Con ella, lo inicial de mi historia,
se abrió cuanto más pudo
(yo jugué con la tierra y con gusanos
y me gustaba), admiré tus jardines
y tus huertos y bañar una perra
y a las gallinas, alimentarlas
con insectos, asesinados
o descubiertos con mis propias manos.

Salvaguardo, aún hoy, estos recuerdos.
¡Tus recursos, tu amor aprendido!
Me salen en los sueños con nobleza
cuando me visitas, desde del allá
de tus hablas, ahí de lo Eterno,
y todavía me hablas, aconsejas,
diviertes, cantas tus devociones.

A mi lado, a distancia, otros poderes
se hunden; otros que no son míos.
Otros son, con sus impotencias,
y que, como tales, desmayan
y caen en lo vil e inesencial de la vida.

Intrusos son que han llegado
sin voz reinvindicadora.
Invasores que venden, uno tras otro,
la Humanidad / la Patria
y que nunca dieron nada ni darán
(porque pocos han de servir
como entes preeminentes en su esfera).

2.


Te tuve a tí que díste mucha vida,
tú, que sabes de la Cesta Hermosa
del alma y del fango divino
del Consuelo, la nutrición, los ciclos
de la Serpiente acariciante y su cueva.

Intrusos e invasores me olvidarán.
Pocos quedarán imprescindibles
para que el amor me levante.

Quienes activaron el olvido del Ser
no me vinculan a una voz
(ni estando muerto), ¿qué no será hoy
cuando prostituyen la esencia
que custodio, mi tierra natal,
la tierra de mis dignidades
y autoestima propias:
Puerto Rico.

2-3-1990

Del libro «Yo soy la muerte», publicado 2007.
 
¡Doña Yuya, la de la Cesta generosa del amor y de la sabiduría! -¿Me escucha, acaso?- Por las dudas voy a "subir" a esta voz que usted tanto nutrió y que hoy le devuelve parte de su saber y de su poesía.

Qué emoción, Carlos, qué emoción.
 
¡Doña Yuya, la de la Cesta generosa del amor y de la sabiduría! -¿Me escucha, acaso?- Por las dudas voy a "subir" a esta voz que usted tanto nutrió y que hoy le devuelve parte de su saber y de su poesía.

Qué emoción, Carlos, qué emoción.

Bienvenida, Ciela, a mi poesía
y a mis bendiciones, afectos,
carlos
 
... a mamá, Doña Yuya, que me dio
recursos de sobrevivencia y reconciliación

Dependiente de la existente Humanidad
no he sido nunca. Confié la esencia humana
a las manos que me heredaste, mamá,
manos en alzamiento productivo,
a mis hombros y mis brazos,
polvorientos o limpios, manos sinceras,
pero en objetividad incondicionada.

Con ella, lo inicial de mi historia,
se abrió cuanto más pudo
(yo jugué con la tierra y con gusanos
y me gustaba), admiré tus jardines
y tus huertos y bañar una perra
y a las gallinas, alimentarlas
con insectos, asesinados
o descubiertos con mis propias manos.

Salvaguardo, aún hoy, estos recuerdos.
¡Tus recursos, tu amor aprendido!
Me salen en los sueños con nobleza
cuando me visitas, desde del allá
de tus hablas, ahí de lo Eterno,
y todavía me hablas, aconsejas,
diviertes, cantas tus devociones.

A mi lado, a distancia, otros poderes
se hunden; otros que no son míos.
Otros son, con sus impotencias,
y que, como tales, desmayan
y caen en lo vil e inesencial de la vida.

Intrusos son que han llegado
sin voz reinvindicadora.
Invasores que venden, uno tras otro,
la Humanidad / la Patria
y que nunca dieron nada ni darán
(porque pocos han de servir
como entes preeminentes en su esfera).

2.


Te tuve a tí que díste mucha vida,
tú, que sabes de la Cesta Hermosa
del alma y del fango divino
del Consuelo, la nutrición, los ciclos
de la Serpiente acariciante y su cueva.

Intrusos e invasores me olvidarán.
Pocos quedarán imprescindibles
para que el amor me levante.

Quienes activaron el olvido del Ser
no me vinculan a una voz
(ni estando muerto), ¿qué no será hoy
cuando prostituyen la esencia
que custodio, mi tierra natal,
la tierra de mis dignidades
y autoestima propias:
Puerto Rico.

2-3-1990

Del libro «Yo soy la muerte», publicado 2007.

Mis respetos, gran poeta.
ERA
 

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