Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cada mañana despierto esperando ese cambio en mi vida,
que no llega...
Y me acuesto por las noches compungida,
preguntándome si estaré ciega...
Paso el día meditando, divagando, de tu amor urgida;
y temo que, en la espera que pregona la marea
de los errores ciertos, hoy mi fe se halla perdida...
Yo no entiendo de la sintaxis, que se regodea,
entre la razón que se nubla,
y las dudas que se airean...
Sólo entiendo que si no hago que tu amor, pronto me descubra,
la angustia de olvidarte será mi mortal condena....
Y es que tú me obligas tantas veces a la espera, que iracunda,
en alguna de esas me resiento, porque: el que espera desespera,
mas otras veces..., simplemente me repliego indefensa, a la infecunda
soledad del aposento, que es mi celda...
Tú me ignoras; pero otras veces refunfuñas,
y me acusas de que mi silencio es una afrenta...
¡¿Quién te entiende?!, tú, que pudiendo alcanzar la estrella...
te resignas-sin hacer mayor esfuerzo-a que se pierda...
que no llega...
Y me acuesto por las noches compungida,
preguntándome si estaré ciega...
Paso el día meditando, divagando, de tu amor urgida;
y temo que, en la espera que pregona la marea
de los errores ciertos, hoy mi fe se halla perdida...
Yo no entiendo de la sintaxis, que se regodea,
entre la razón que se nubla,
y las dudas que se airean...
Sólo entiendo que si no hago que tu amor, pronto me descubra,
la angustia de olvidarte será mi mortal condena....
Y es que tú me obligas tantas veces a la espera, que iracunda,
en alguna de esas me resiento, porque: el que espera desespera,
mas otras veces..., simplemente me repliego indefensa, a la infecunda
soledad del aposento, que es mi celda...
Tú me ignoras; pero otras veces refunfuñas,
y me acusas de que mi silencio es una afrenta...
¡¿Quién te entiende?!, tú, que pudiendo alcanzar la estrella...
te resignas-sin hacer mayor esfuerzo-a que se pierda...
::