Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
Perseguir manzanas
Es por perseguir manzanas
e ir al patio cohibido que yo me creyese
que soy erguida almohada donde dejas
caer tu escudo lozano.
Le das la espalda a la hortaliza de barro
que es el jinete de la aurora enmudecida
o es un cardenal muy canoro el idilio,
es mi palabra contra la del viento
que te acaricia la lisonjera nuca…
Entonces le diré a la flor centinela;
que he jugado a ser erudita mirada,
que por abrazarte quiero ser abrazo
que te de lírico, que te de sin brazos
y es que es grave no estirarme
hasta la manzana morena,
la barca virgen que con orgullo
es divina sirena.
Enfatizo, que si en tu cama de anís
huyera beligerante el amor, así,
se nos quedara el candil
acervo de lo infinito,
es por perseguir manzanas rojas
y no encontrarlas un día con lentes
observando al ocaso, la mutación de la razón
en un grito reservado que se desploma
en la literatura de tu cuerpo.
Es por perseguir manzanas
e ir al patio cohibido que yo me creyese
que soy erguida almohada donde dejas
caer tu escudo lozano.
Le das la espalda a la hortaliza de barro
que es el jinete de la aurora enmudecida
o es un cardenal muy canoro el idilio,
es mi palabra contra la del viento
que te acaricia la lisonjera nuca…
Entonces le diré a la flor centinela;
que he jugado a ser erudita mirada,
que por abrazarte quiero ser abrazo
que te de lírico, que te de sin brazos
y es que es grave no estirarme
hasta la manzana morena,
la barca virgen que con orgullo
es divina sirena.
Enfatizo, que si en tu cama de anís
huyera beligerante el amor, así,
se nos quedara el candil
acervo de lo infinito,
es por perseguir manzanas rojas
y no encontrarlas un día con lentes
observando al ocaso, la mutación de la razón
en un grito reservado que se desploma
en la literatura de tu cuerpo.
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