El dolor me ronda como las moscas a un moribundo,
la soledad me empuja hacia la muerte
casi hasta el punto de rozarle los dedos.
Las lágrimas no dejan de brotar,
por mi rostro se me escurren como gotas de lluvia,
o mejor dicho como gotas de la tormenta que azota hoy mi alma,
como un huracán me arroja al precipicio,
del que solo puede rescatarme otra alma solitaria
que comprenda mi sufrir,
el silencio que me envuelve es tan hondo
que me llena de angustia,
me atormenta el pensar que alguna vez fuimos un solo cuerpo
enredado en las mismas sabanas,
me destruye el saber que aún me amas
y yo de ti... Ya no quiero nada.
la soledad me empuja hacia la muerte
casi hasta el punto de rozarle los dedos.
Las lágrimas no dejan de brotar,
por mi rostro se me escurren como gotas de lluvia,
o mejor dicho como gotas de la tormenta que azota hoy mi alma,
como un huracán me arroja al precipicio,
del que solo puede rescatarme otra alma solitaria
que comprenda mi sufrir,
el silencio que me envuelve es tan hondo
que me llena de angustia,
me atormenta el pensar que alguna vez fuimos un solo cuerpo
enredado en las mismas sabanas,
me destruye el saber que aún me amas
y yo de ti... Ya no quiero nada.