*Sabrina*
Una niña gris
Empieza el sueño
y ella se cubre
de los cristales rotos
de sus ojos.
La ves construyendo
el embrague de su cuerpo
evaporándose
en un sudor de amapolas,
el señuelo de ventanas cerradas
va anudándose en su boca,
llamaradas que adjudican
la virgen saliva de entrañas
a mandíbulas abiertas.
Apaga la luna
con las pestañas cocidas
que no la deja dormir
la conciencia de sus estrellas,
se pinta en secreto
una poesía con los dedos,
que se vuelve color de la pared ausente
en el espacio que resguardan sus alas rotas.
Existirá una visión de los lienzos
que el sangriento Lunes no recuerde,
esperará su tacto dolido como señal
de que nunca ha finalizado
de reconstruirse
entre su gris espasmo viviente.
¿Y qué habrá para ver?
Si en su rostro
enjaulado de sombras,
su otra mitad no protesta
al canto de los pájaros libres.
No encontrará
el punto final para la secuela
de amaneceres
porque en un segundo
desde ahora se abandonará
en la caja de deberes que debió
haber terminado.
Sortilegio de huidas
a placeres inhóspitos
de gritos circulares
y conclusiones concebidas
en el costado de su ser fracturado.
Ya no está aquí,
y no despierta.
Sus uñas nunca tocaron el clavo
que dormita debajo de su piel.
Mas sus alucinaciones no acaban
luciéndose en las comisuras de los labios,
dejan entradas secas de polvo
sin sol para arraigarse
* A ella y a su mitad soñadora*
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