REM
Poeta asiduo al portal
Amigo de la noche le decían.
triste devenir de una eterna penumbra,
con una frágil sonrisa mal cosida
e imperdibles bien sujetos en los sueños
que ha trozos amenazaban caerse
a un vacío inmenso y frío.
A veces se escuchaba sollozar su sombra,
mas él, inmóvil y callado, en silencio estaba ahogado.
Dando tumbos a la dirección del pasado
nunca se dio cuenta de lo cruel que es latir
y solo a veces ser escuchado.
Araño los pétalos de una rosa
al sentir las gélidas lágrimas quemar su cara,
lágrimas malditas impregnadas de aquel amado olor
que en alguna pesadilla en disfraz de recuerdo se asomaba.
El atardecer palideció en un segundo, mas era eterno,
y con el su dolor se fue apoderando de su febril cuerpo.
Sangre corrió, una vez más, de una nueva ilusión;
que triste es soportar la belleza, hermosura funesta y malvada, del amor,
y más triste aun es encontrarlo y caer en su maltrato.
A veces, al sufrir, temblaba en el viento
mas siempre estaba solo y cansado,
y la manta de polvo y ceniza que le cubría
desaparecía en su, cada vez más creciente, agonía.
Una noche, muy trágica, en mitad de su nostalgia,
despertó, se retorció entre su prisión,
¡que costillas más débiles!, y explotó...
libre por fin, la ironía se cumplió:
me he quedado sin mi pobre corazón.
triste devenir de una eterna penumbra,
con una frágil sonrisa mal cosida
e imperdibles bien sujetos en los sueños
que ha trozos amenazaban caerse
a un vacío inmenso y frío.
A veces se escuchaba sollozar su sombra,
mas él, inmóvil y callado, en silencio estaba ahogado.
Dando tumbos a la dirección del pasado
nunca se dio cuenta de lo cruel que es latir
y solo a veces ser escuchado.
Araño los pétalos de una rosa
al sentir las gélidas lágrimas quemar su cara,
lágrimas malditas impregnadas de aquel amado olor
que en alguna pesadilla en disfraz de recuerdo se asomaba.
El atardecer palideció en un segundo, mas era eterno,
y con el su dolor se fue apoderando de su febril cuerpo.
Sangre corrió, una vez más, de una nueva ilusión;
que triste es soportar la belleza, hermosura funesta y malvada, del amor,
y más triste aun es encontrarlo y caer en su maltrato.
A veces, al sufrir, temblaba en el viento
mas siempre estaba solo y cansado,
y la manta de polvo y ceniza que le cubría
desaparecía en su, cada vez más creciente, agonía.
Una noche, muy trágica, en mitad de su nostalgia,
despertó, se retorció entre su prisión,
¡que costillas más débiles!, y explotó...
libre por fin, la ironía se cumplió:
me he quedado sin mi pobre corazón.
::