Nadie
Tú mirada
de limpia tristeza,
trajo de la mano,
hasta el cielo
solitario de mis penas,
una estrella huérfana.
Nadie podía ver
los planetas
que la seguían,
ni las galaxias
que nacían
a mi alrededor.
Nadie, nadie, excepto
el infinito amor,
con que espiaba
desde el firmamento
de mi pecho un satélite
de enloquecidos
meteoros rojos.
Tú mirada
de limpia tristeza,
trajo de la mano,
hasta el cielo
solitario de mis penas,
una estrella huérfana.
Nadie podía ver
los planetas
que la seguían,
ni las galaxias
que nacían
a mi alrededor.
Nadie, nadie, excepto
el infinito amor,
con que espiaba
desde el firmamento
de mi pecho un satélite
de enloquecidos
meteoros rojos.
::y un gran lucero para que