legendario
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tengo miedo de mí cuando te miro,
apetecible rosa de ambrosía
y navego en mi dulce fantasía
de tu boca en mis fauces, un respiro.
Tu quejido en mi oído cual suspiro
en deleites de miedo y pleitesía,
da a mis manos la franca travesía
de trazar la figura que yo admiro.
Y me asalta el temor a toda hora
de profanar aquel sagrado templo,
donde un pudor a dura prueba mora.
Y de mi orilla a tu rincón contemplo
la fulgente pupila delatora,
brillar de amor, en delicado ejemplo.
apetecible rosa de ambrosía
y navego en mi dulce fantasía
de tu boca en mis fauces, un respiro.
Tu quejido en mi oído cual suspiro
en deleites de miedo y pleitesía,
da a mis manos la franca travesía
de trazar la figura que yo admiro.
Y me asalta el temor a toda hora
de profanar aquel sagrado templo,
donde un pudor a dura prueba mora.
Y de mi orilla a tu rincón contemplo
la fulgente pupila delatora,
brillar de amor, en delicado ejemplo.