Pepe Cercas
Poeta recién llegado
Ya no te veo,
ni escucho mi voz por los caminos
pronunciando tu nombre.
Ya no alzo la vista para mirarte,
ni el agua me empapa suavemente,
ni el barro forja en mí sus surcos pronunciados,
ni el polvo se amontona en el rincón de la estupidez,
ni suena la flauta, ni el baile me espera
no hay nadie que me sumerja en horas perdidas,
ni flores borrachas que trepen por mis cejas.
Ya la luz se me aparece dormida,
y el gallo canta en lágrimas vivas
y el terciopelo tiñe de rojos tus ventanas.
Ya no hay nada en el horizonte,
un eco que somete al grito,
un sonrojo que pierde su arquitectura,
o un deseo que la madrugada espanta.
No busco nada, nada me entretiene,
me persigue tu voz rota, tus labios rotos bajo la ira,
tus pechos invisiblemente almendrados,
y tus guerreras palabras que el tiempo derrota.
Nada crece de tus jardines distantes,
la sequedad de tu boca viene a visitarme
y lo cubre todo y lo intuye todo y todo lo abandona.
No veo aquellas manos
que me tocaban el alma y los retratos,
aquellas que hundías en la húmeda tierra
y sacabas al aire el néctar del mazapán y la risa de un hada
aquellas que yo quería, que volaban en busca de una caricia.
Pero ya no hay nada, no veo nada,
sólo una voz secreta lo recorre todo,
el eco profundo de tu último beso y de mi última palabra.
José Cercas
http://pepecercas.blogspot.com/
ni escucho mi voz por los caminos
pronunciando tu nombre.
Ya no alzo la vista para mirarte,
ni el agua me empapa suavemente,
ni el barro forja en mí sus surcos pronunciados,
ni el polvo se amontona en el rincón de la estupidez,
ni suena la flauta, ni el baile me espera
no hay nadie que me sumerja en horas perdidas,
ni flores borrachas que trepen por mis cejas.
Ya la luz se me aparece dormida,
y el gallo canta en lágrimas vivas
y el terciopelo tiñe de rojos tus ventanas.
Ya no hay nada en el horizonte,
un eco que somete al grito,
un sonrojo que pierde su arquitectura,
o un deseo que la madrugada espanta.
No busco nada, nada me entretiene,
me persigue tu voz rota, tus labios rotos bajo la ira,
tus pechos invisiblemente almendrados,
y tus guerreras palabras que el tiempo derrota.
Nada crece de tus jardines distantes,
la sequedad de tu boca viene a visitarme
y lo cubre todo y lo intuye todo y todo lo abandona.
No veo aquellas manos
que me tocaban el alma y los retratos,
aquellas que hundías en la húmeda tierra
y sacabas al aire el néctar del mazapán y la risa de un hada
aquellas que yo quería, que volaban en busca de una caricia.
Pero ya no hay nada, no veo nada,
sólo una voz secreta lo recorre todo,
el eco profundo de tu último beso y de mi última palabra.
José Cercas
http://pepecercas.blogspot.com/