Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
Amanecí otra vez
negándome tu rechazo...
Soñando que no hay después
una vez que esté en tus brazos;
que sólo existirá el ahora
-que transcurrirá despacio-
Que nunca más me dejarás sola,
y que me amarás sin cansancio...
Amanecí otra vez
tontamente suspirando;
pensando en que tal vez,
tu silencio está delirando...
Que enfermo está tu desdén,
y perdido tu naufragio...
Que vendrás por mí otra vez,
y olvidaremos los espacios...
Amanecí otra vez,
tu silueta esperando...
Resuelta en el revés,
y disuelta entre mis lagos.
Sin preguntarme por qué
siempre llegas con retrazo,
sin saber si hago bien
escribiendo mi epitafio...
Amanecí otra vez
llovida de clamor ufano...
Sometida al oscuro temor
y clavada a tu sagrario.
Ilusa pregunté esta vez:
¿Por qué el amor nos hace daño?
Ilusa yo me quedé,
tu respuesta esperando...
Amanecí otra vez,
con los ojitos cegados...
Abierto el desamor,
y el corazón desangrando;
con la picada en el alma
-de la víbora que crecía-
Con el fracaso nacido en flor,
mientras la conciencia dormía...
Amanecí otra vez
susurrando cien locuras;
recordando mil promesas,
suturando heridas que nunca curan...
Con la mitad de los pies,
y el doble de la penumbra...
La palabra más soez
y la rabia que retumba...
Amanecí otra vez,
arrojándole piedritas a la luna...
Haciendo círculos de miel,
taponeando hendiduras...
Corriendo en metros de cien,
cayendo como ninguna.
Reconocida sin bien,
ni gracia, ni fortuna...
Amanecí otra vez
absorta en la envergadura
del abismo que separa diez
de mis noches con una sola tuya...
Cansada de no tener;
sentada en la soledad rotunda...
Difusa bajo tu haber,
y llovida sobre tus texturas...
negándome tu rechazo...
Soñando que no hay después
una vez que esté en tus brazos;
que sólo existirá el ahora
-que transcurrirá despacio-
Que nunca más me dejarás sola,
y que me amarás sin cansancio...
Amanecí otra vez
tontamente suspirando;
pensando en que tal vez,
tu silencio está delirando...
Que enfermo está tu desdén,
y perdido tu naufragio...
Que vendrás por mí otra vez,
y olvidaremos los espacios...
Amanecí otra vez,
tu silueta esperando...
Resuelta en el revés,
y disuelta entre mis lagos.
Sin preguntarme por qué
siempre llegas con retrazo,
sin saber si hago bien
escribiendo mi epitafio...
Amanecí otra vez
llovida de clamor ufano...
Sometida al oscuro temor
y clavada a tu sagrario.
Ilusa pregunté esta vez:
¿Por qué el amor nos hace daño?
Ilusa yo me quedé,
tu respuesta esperando...
Amanecí otra vez,
con los ojitos cegados...
Abierto el desamor,
y el corazón desangrando;
con la picada en el alma
-de la víbora que crecía-
Con el fracaso nacido en flor,
mientras la conciencia dormía...
Amanecí otra vez
susurrando cien locuras;
recordando mil promesas,
suturando heridas que nunca curan...
Con la mitad de los pies,
y el doble de la penumbra...
La palabra más soez
y la rabia que retumba...
Amanecí otra vez,
arrojándole piedritas a la luna...
Haciendo círculos de miel,
taponeando hendiduras...
Corriendo en metros de cien,
cayendo como ninguna.
Reconocida sin bien,
ni gracia, ni fortuna...
Amanecí otra vez
absorta en la envergadura
del abismo que separa diez
de mis noches con una sola tuya...
Cansada de no tener;
sentada en la soledad rotunda...
Difusa bajo tu haber,
y llovida sobre tus texturas...
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