Contrastes
Esta noche la cuidad navega sobre
un sobrecogedor mar de luces y cristales,
se despeña a nieve de infinitas piedras inmemoriales.
Pero bajo la techumbre amarillenta de nuestra habitación
el angelito viaja en embravecido carruaje.
A su alrededor están sus juguetes,
sus peluches y nosotros, su sangre.
Mitigamos el dolor abrazándonos,
sangrando por los ojos, compartiendo
a concho su pérdida irremediable.
Afuera, desenfrenada, la ciudad se reúne y alucina
sobre asfaltos vertiginosos, se divierte sin control
bajo cascadas de ardor y parques siderales,
afuera todo es revelación y glamur centellante.
Dentro nuestro estalla en criaturas furiosas,
larvas con garras nos devoran, dentro nuestro
ni siquiera la predadora demencia puede ya consolarnos,
Afuera sin importarle lo que nos pasa,
la ciudad desborda en desenfrenos y
seres mezquinos, indiferentes, inmutables.
Esta noche la cuidad navega sobre
un sobrecogedor mar de luces y cristales,
se despeña a nieve de infinitas piedras inmemoriales.
Pero bajo la techumbre amarillenta de nuestra habitación
el angelito viaja en embravecido carruaje.
A su alrededor están sus juguetes,
sus peluches y nosotros, su sangre.
Mitigamos el dolor abrazándonos,
sangrando por los ojos, compartiendo
a concho su pérdida irremediable.
Afuera, desenfrenada, la ciudad se reúne y alucina
sobre asfaltos vertiginosos, se divierte sin control
bajo cascadas de ardor y parques siderales,
afuera todo es revelación y glamur centellante.
Dentro nuestro estalla en criaturas furiosas,
larvas con garras nos devoran, dentro nuestro
ni siquiera la predadora demencia puede ya consolarnos,
Afuera sin importarle lo que nos pasa,
la ciudad desborda en desenfrenos y
seres mezquinos, indiferentes, inmutables.
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