Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tejía una extensa cobija,
de hilos sin aparente tema...
Tejía como aquella hilandera,
que leyó cuando pequeña...
Tejía desde las entrañas,
fuertes lazos en esquelas...
Tejía mientras lloraba;
lloraba, y tejía sus penas...
Las musas se anonadaban
de tan mutiladas telas...
Augustas la contemplaban,
mostraban a veces querella...
La angustia de la que hilaba,
empujaba firme la rueca...
Y la sangre siempre mojaba
las letras de sus secuelas...
No importaba si ella era bella,
ni menos si era sincera.
No importaba si era esbelta,
o si su figura le era impreca...
No importaba si era vasalla,
cortesana o cantinera...
Si todo el sol se le escapaba
tras un sueño que nunca llega.
Si todo el amor que ella confiaba...
vaciado estaba, en el pozo de las penas...
Una noche quiso amarlo...
Y renunció a ser perpetua;
se hizo virgen de un corsario,
lanzándose tras de su cuesta...
Y volando un papagayo
-preñado de bellas letras-
el viento sopló tan alto,
que se le escaparon las señas...
La cola del volantín
quedó prendida en la rueca...,
y desde entonces hila e hila,
tratando de halar aquel cometa,
que llevó el viento muy lejos,
con sus sueños y sus promesas...
FIN
de hilos sin aparente tema...
Tejía como aquella hilandera,
que leyó cuando pequeña...
Tejía desde las entrañas,
fuertes lazos en esquelas...
Tejía mientras lloraba;
lloraba, y tejía sus penas...
Las musas se anonadaban
de tan mutiladas telas...
Augustas la contemplaban,
mostraban a veces querella...
La angustia de la que hilaba,
empujaba firme la rueca...
Y la sangre siempre mojaba
las letras de sus secuelas...
No importaba si ella era bella,
ni menos si era sincera.
No importaba si era esbelta,
o si su figura le era impreca...
No importaba si era vasalla,
cortesana o cantinera...
Si todo el sol se le escapaba
tras un sueño que nunca llega.
Si todo el amor que ella confiaba...
vaciado estaba, en el pozo de las penas...
Una noche quiso amarlo...
Y renunció a ser perpetua;
se hizo virgen de un corsario,
lanzándose tras de su cuesta...
Y volando un papagayo
-preñado de bellas letras-
el viento sopló tan alto,
que se le escaparon las señas...
La cola del volantín
quedó prendida en la rueca...,
y desde entonces hila e hila,
tratando de halar aquel cometa,
que llevó el viento muy lejos,
con sus sueños y sus promesas...
FIN
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