La Enfermedad De La Abuela
A tientas atraviesa las habitaciones,
estelas de dolor azulan
el agua herida de sus pasos
y miradas.
Mientras descansa,
los espasmos
se robustecen y
vuelven una y otra vez
a clavarle sus furiosas
quijadas.
La abuela olvida las cosas,
pero el dolor a cada instante
le recuerda su terrible
enfermedad.
Le decimos,
es la embestida
de los años, es
natural el mal
que lastima.
Pero sabemos,
no es lo que retuerce
sus carnes el calvario
que la está matando
sin piedad.
Lo que desgarra su alegría,
lo que la hace llorar y gritar
de angustia y desesperanza,
no es otra enfermedad
que la indiferencia
que le entregamos todos,
todos los días.
A tientas atraviesa las habitaciones,
estelas de dolor azulan
el agua herida de sus pasos
y miradas.
Mientras descansa,
los espasmos
se robustecen y
vuelven una y otra vez
a clavarle sus furiosas
quijadas.
La abuela olvida las cosas,
pero el dolor a cada instante
le recuerda su terrible
enfermedad.
Le decimos,
es la embestida
de los años, es
natural el mal
que lastima.
Pero sabemos,
no es lo que retuerce
sus carnes el calvario
que la está matando
sin piedad.
Lo que desgarra su alegría,
lo que la hace llorar y gritar
de angustia y desesperanza,
no es otra enfermedad
que la indiferencia
que le entregamos todos,
todos los días.
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