Cayéndome por no volar soñando,
cegándome por no llorar durmiendo,
quemándome por no dejar templando
palabras que por ti nacen ardiendo;
Parándome por no forzar el paso,
hundiéndome por no pisar tu cielo,
ahogándome por no colmar el vaso
de lágrimas por ti guardando duelo;
callándome por no sonar a necio,
vendiéndome por no decir el precio
que saltando por ti pagué al abismo;
matándome por no vivir perdido,
perdiéndome por no oir el sonido
de mi nombre por ti ahora mismo.