ricardinalgra
Poeta que considera el portal su segunda casa
GAVIOTAS
Conmueve saber que después de la muerte del poeta
lloraron las gaviotas en la playa,
algo a lo que están acostumbradas
porque día a día mueren poetisas y poetas.
Mueren de amor o de pena, da lo mismo,
enfermedades que crean a los poetas,
complicación de dolencias tan frecuentes
con finales anunciados imperfectos
que hace un tiempo tan largo como ignoto
dejaron de asombrar a las gaviotas,
tan sensibles esas tardes de mar
cuando lento el sol se deja caer con pesadumbre
casi nunca en el mismo lugar del horizonte.
Es allí, después de ese momento
en que los poemas escritos en la arena
donde los versos claman desde el suelo
por obra del mar que sube o por el viento
vuelven a ser nada, así como así, nada de nada,
y las gaviotas retornan a sus cosas y rutinas
pasados los lamentos tan sentidos
que eclipsan por afectación enternecedora
tal vez a la propia muerte del poeta.
Es que ellas son sensibles al instante
fugaz y sobrecogedor de la noticia
pero son también muy desmemoriadas
cuando de poetas y poetisas es la cosa.
Al fin y al cabo hay algo en este mundo
que termina por hacernos creer en la ilusión
de que alguún verso nos conmueva eternamente
aunque siempre irresistiblemente es volver
después de alguna peripecia distractiva,
a nuestras cosas de rutinaria subsistencia,
tal como gaviotas que indefectiblemente
sin remedio o por remedio, como dije,
olvidan y retornan a sus cosas...
Conmueve saber que después de la muerte del poeta
lloraron las gaviotas en la playa,
algo a lo que están acostumbradas
porque día a día mueren poetisas y poetas.
Mueren de amor o de pena, da lo mismo,
enfermedades que crean a los poetas,
complicación de dolencias tan frecuentes
con finales anunciados imperfectos
que hace un tiempo tan largo como ignoto
dejaron de asombrar a las gaviotas,
tan sensibles esas tardes de mar
cuando lento el sol se deja caer con pesadumbre
casi nunca en el mismo lugar del horizonte.
Es allí, después de ese momento
en que los poemas escritos en la arena
donde los versos claman desde el suelo
por obra del mar que sube o por el viento
vuelven a ser nada, así como así, nada de nada,
y las gaviotas retornan a sus cosas y rutinas
pasados los lamentos tan sentidos
que eclipsan por afectación enternecedora
tal vez a la propia muerte del poeta.
Es que ellas son sensibles al instante
fugaz y sobrecogedor de la noticia
pero son también muy desmemoriadas
cuando de poetas y poetisas es la cosa.
Al fin y al cabo hay algo en este mundo
que termina por hacernos creer en la ilusión
de que alguún verso nos conmueva eternamente
aunque siempre irresistiblemente es volver
después de alguna peripecia distractiva,
a nuestras cosas de rutinaria subsistencia,
tal como gaviotas que indefectiblemente
sin remedio o por remedio, como dije,
olvidan y retornan a sus cosas...
Última edición:
:: Gracias POETA, gracias por escribir así.
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