ricardinalgra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Corrió las cortinas
para dejar entrar la luz,
pero la luz no entró.
Abrió las ventanas
para que ingresara el viento frío,
pero el invierno no irrumpió.
El techo había bajado metro y medio
mientras las flores del florero,
en vías de secarse,
dobladas perdían su color,
entre un leve desorden muy reciente
de algunas cosas y objetos
por no querer estar en su lugar,
ya por empecinamiento, ya por ignorancia.
Inexpresivo clima en el recinto:
no hacía ni frío ni calor.
El reloj estaba quieto
desde un rato antes
del gris de la pared.
Esas fotografías en la mesa
custodiadas por el agua mineral,
y un vaso lleno a la mitad
miraban desatentas los sucesos,
así como también otros testigos
a los que nadie jamás citará.
Diez o veinte pastillas en la mano
para un sueño final sin despedida,
un irse suavemente y sin adiós
de donde ya se estaba sin estar
y de quienes ahora son ausencias.
Los cantos en la ducha
del vecino de al lado
son la banda de sonido de la escena.
Luego la brisa helada ingresa,
la cortina que vuela y que se agita,
los colores aparecen
en las cosas que vuelven a funcionar
a su manera y costumbre,
o sea,
más o menos bien.
para dejar entrar la luz,
pero la luz no entró.
Abrió las ventanas
para que ingresara el viento frío,
pero el invierno no irrumpió.
El techo había bajado metro y medio
mientras las flores del florero,
en vías de secarse,
dobladas perdían su color,
entre un leve desorden muy reciente
de algunas cosas y objetos
por no querer estar en su lugar,
ya por empecinamiento, ya por ignorancia.
Inexpresivo clima en el recinto:
no hacía ni frío ni calor.
El reloj estaba quieto
desde un rato antes
del gris de la pared.
Esas fotografías en la mesa
custodiadas por el agua mineral,
y un vaso lleno a la mitad
miraban desatentas los sucesos,
así como también otros testigos
a los que nadie jamás citará.
Diez o veinte pastillas en la mano
para un sueño final sin despedida,
un irse suavemente y sin adiós
de donde ya se estaba sin estar
y de quienes ahora son ausencias.
Los cantos en la ducha
del vecino de al lado
son la banda de sonido de la escena.
Luego la brisa helada ingresa,
la cortina que vuela y que se agita,
los colores aparecen
en las cosas que vuelven a funcionar
a su manera y costumbre,
o sea,
más o menos bien.
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