Irma Recio Lopez
Poeta recién llegado
Con la cabeza gacha y el mentón sobre el pecho,
Las manos apretadas y el corazón maltrecho,
Me desangro sin tregua por caminos de vida
Y anhelo que paciente me cures las heridas.
Con el alma agobiada, descorridos los velos,
Me arrodillo impotente sobre este duro suelo
Y ruego con vehemencia que tus manos benditas
Se posen en mi frente con ternura infinita.
Te exijo que me mires a los ojos Tú, Padre !...
Un momento tan solo, tan solo un breve instante
Para que con premura, Tú que todo consientes,
Lo tornes a mi lado, candoroso y ardiente.
Con el postrer aliento que escapa a mi agonía,
Te exigiré la gracia, Hacedor de mis días,
Que presto me lo acerques, sin dudas ni recelos,
Para que calme urgente mis ansias y desvelos.
Y si acaso no escuchas mi plegaria vehemente,
Si sordo en tus quehaceres me ignoras o me mientes,
Me he de cobrar con creces el desaire y hastiada
Me voltearé a morir, rebelde y postergada.
Las manos apretadas y el corazón maltrecho,
Me desangro sin tregua por caminos de vida
Y anhelo que paciente me cures las heridas.
Con el alma agobiada, descorridos los velos,
Me arrodillo impotente sobre este duro suelo
Y ruego con vehemencia que tus manos benditas
Se posen en mi frente con ternura infinita.
Te exijo que me mires a los ojos Tú, Padre !...
Un momento tan solo, tan solo un breve instante
Para que con premura, Tú que todo consientes,
Lo tornes a mi lado, candoroso y ardiente.
Con el postrer aliento que escapa a mi agonía,
Te exigiré la gracia, Hacedor de mis días,
Que presto me lo acerques, sin dudas ni recelos,
Para que calme urgente mis ansias y desvelos.
Y si acaso no escuchas mi plegaria vehemente,
Si sordo en tus quehaceres me ignoras o me mientes,
Me he de cobrar con creces el desaire y hastiada
Me voltearé a morir, rebelde y postergada.
::