Aldana, me envuelves en tu piel
en cada vestimenta que diseñas,
en cada verso que viaja en este papel.
En las palabras de poesía que sueñas.
La almohada me narra tus sueños
y el aroma salobral de mi mejillas, te nombra,
en el valle que dejamos de ser los dueños.
Cuando te fuiste y lo envolviste en sombra.
Mi mirada va detenida en tu ventana
los espacios se hacen cadenas, con el tiempo,
los miedos son gigantes que no vence mi espada.
En este batallar del misterio que contemplo.
El silencio se viste con mi desnudez
apartando los olvidos sin desván,
donde acumular mis esperanzas o mi vejez.
No guardo mis sueños, ellos conmigo van.
Mis esperanzas caminan a diario ya sin vidas
a mis sueños los grabó el tiempo en lo vivido,
pero vuelven y trazan rutas seguidas.
Intentan conseguir junto a su corazón, un latido.
Se retratan besos en las mejillas, áridas
las manos vacías se muestran temblorosas,
Como esas lágrimas cristalinas de las pupilas.
Cuando perfumó el dolor, las espinas de las rosas.
El mar borró de la arena mis pasos, sin compasión
sin sombra quedo el triste álamo,
donde tatuases nuestras iniciales en el corazón.
En aquel firmado y eterno te amo.