carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
«Con la destrucción del Imperio Aqueménida (Persa) a manos de Alejandro Magno, el griego clásico de la Academia de Platón se convirtió en norma cultural de toda la región mediterránea existente, incluída la palestina... El griego platónico fue el idioma de las grandes conversiones que realizaron los apóstoles»: L. H. LaRouche
Ahí van. Y navegan juntos
por la tarea inmemorial, remando al unísono,
la barca del lenguaje de Platón.
En griego, los apóstoles predican:
«No haya distingos entre ustedes,
somos iguales; griegos y romanos».
IGUALDAD DE TRATO, AMOR...
para el judío y el blanco, con ojos azules,
para el asiático de mirada tranquila.
Desde sus oblicuos ojos, vean
unos y otros cómo se acerca
a nuestras almas, el otro hermano,
el africano, con sus oscuras y grandes
pupilas, ávidas de amor.
Ahí van con el principio: Igualdad
fundamentada en semejanza natural.
Es el Creador, origen del Ser.
Hechos como entes humanos,
a su semejanza, criaturas naturales
para el porvenir.
No se vale juzgar
por religiones remotas y alienantes,
ni por los espacios meramente geográficos
ni por la edad ni la clase.
No somos el color ni el lugar.
Somos uno en el Origen de Ser.
Somos uno en la unidad natural,
semejantes en ambición de dicha,
unos en la búsqueda del bien.
Somos el Derecho Natural
a la alegría. Y por Imagen divina del Ser,
herederos de gloria y porvenir.
Y ahí van, aquellos apóstoles
enviados como Pablo y Juan,
animados por esta chispa espiritual
de razón: por el innato afán de felicidad
igualados han sido todos, hembra o varón,
sobre el globo terráqueo.
Somos uno, siendo la imagen
del hombre natural.
Póngase este principio en las instituciones
porque cayó el imperio persa que nunca
lo creyó y vendrán otros, proponentes
de la desigualdad, cultivadores
del rebaño hostil y los antagonismos.
3-12-2000
De «El hombre extendido»
http://carloslopezdzur.blogspot.com/
Ahí van. Y navegan juntos
por la tarea inmemorial, remando al unísono,
la barca del lenguaje de Platón.
En griego, los apóstoles predican:
«No haya distingos entre ustedes,
somos iguales; griegos y romanos».
IGUALDAD DE TRATO, AMOR...
para el judío y el blanco, con ojos azules,
para el asiático de mirada tranquila.
Desde sus oblicuos ojos, vean
unos y otros cómo se acerca
a nuestras almas, el otro hermano,
el africano, con sus oscuras y grandes
pupilas, ávidas de amor.
Ahí van con el principio: Igualdad
fundamentada en semejanza natural.
Es el Creador, origen del Ser.
Hechos como entes humanos,
a su semejanza, criaturas naturales
para el porvenir.
No se vale juzgar
por religiones remotas y alienantes,
ni por los espacios meramente geográficos
ni por la edad ni la clase.
No somos el color ni el lugar.
Somos uno en el Origen de Ser.
Somos uno en la unidad natural,
semejantes en ambición de dicha,
unos en la búsqueda del bien.
Somos el Derecho Natural
a la alegría. Y por Imagen divina del Ser,
herederos de gloria y porvenir.
Y ahí van, aquellos apóstoles
enviados como Pablo y Juan,
animados por esta chispa espiritual
de razón: por el innato afán de felicidad
igualados han sido todos, hembra o varón,
sobre el globo terráqueo.
Somos uno, siendo la imagen
del hombre natural.
Póngase este principio en las instituciones
porque cayó el imperio persa que nunca
lo creyó y vendrán otros, proponentes
de la desigualdad, cultivadores
del rebaño hostil y los antagonismos.
3-12-2000
De «El hombre extendido»
http://carloslopezdzur.blogspot.com/