luvitin
Poeta adicto al portal
No me cuesta revelar tu taconeo,
Con tu afán de nena presuntuosa,
en el bar con tu mirada distraída,
te engañas con la edad que te aparenta.
No me cuesta confesarte que me inquietas,
pero buscas con tus ropas presumidas,
algún joven que requiera tu experiencia,
el sabor de coquetear tu desenfado.
No me cuesta adivinar tu noche sola,
preguntándote por qué no te descubren,
si es tesoro, el que vea más allá de tu cintura,
disfrutando el intrigante laberinto de tus ojos.
No me cuesta presentirte siempre bella,
Si es la gala que tenían otros tiempos,
te miras desolada ante el espejo,
hoy solo tienen reflejos tus cabellos.
No me cuesta entender que son pastillas,
las que calman la ansiedad y los dolores,
que adormecen tus mejillas en la almohada,
y se adueñan de tus sueños en grageas.
No me cuesta entender tus deseos,
si eran míos en los brazos del recuerdo,
y no entiendo el adiós de tu sonrisa.
No me cuesta saber que ya estoy solo,
sí, me cuesta saber que no eres mía.
Con tu afán de nena presuntuosa,
en el bar con tu mirada distraída,
te engañas con la edad que te aparenta.
No me cuesta confesarte que me inquietas,
pero buscas con tus ropas presumidas,
algún joven que requiera tu experiencia,
el sabor de coquetear tu desenfado.
No me cuesta adivinar tu noche sola,
preguntándote por qué no te descubren,
si es tesoro, el que vea más allá de tu cintura,
disfrutando el intrigante laberinto de tus ojos.
No me cuesta presentirte siempre bella,
Si es la gala que tenían otros tiempos,
te miras desolada ante el espejo,
hoy solo tienen reflejos tus cabellos.
No me cuesta entender que son pastillas,
las que calman la ansiedad y los dolores,
que adormecen tus mejillas en la almohada,
y se adueñan de tus sueños en grageas.
No me cuesta entender tus deseos,
si eran míos en los brazos del recuerdo,
y no entiendo el adiós de tu sonrisa.
No me cuesta saber que ya estoy solo,
sí, me cuesta saber que no eres mía.
Tito Visentín