Tiene mi pueblo una iglesia
con catorce o quince esquinas,
donde anidan los gorriones
y asoman a sus balcones
las curiosas golondrinas.
Desde sus doce ventanas
tan grandes como gigantes,
se divisa el horizonte
dominado por el monte
y sus peñascos colgantes.
¡Qué bonita está la iglesia
con sus viejitas rezando,
con sus ricas celosías,
con sus santos de vigías
y sus campanas cantando!
Qué bonito está mi pueblo
con sus calles y sus gentes,
las flores en sus balcones,
el vendedor de cupones
y sus faroles silentes.
¡Qué bonito sus jardines
y sus parcelas de rosas,
amores del jardinero
de sus cuidos el primero!
¡Qué bonitas mariposas!
Qué bonita aquella niña
que al mirarme sonreía
con su encanto paseando.
Qué bonita sigue estando
durmiendo a la vera mía
Y qué bella estaba el día
que ante Dios dije sí quiero,
reclinada en aquel banco
con su vestido de blanco
y su cuerpo de velero.
Cómo la quise y la quiero *
a mi rosa Quinteriana,
de rosaleda sonriente
y la más límpida fuente,
la robe por la mañana.
Gracias mi querido pueblo,
aunque me hiciste crecer
entre pena y alegría,
hoy en ti yo moriría
al lado de mi mujer.
Cómo me tira tu tierra,
cómo añoro tus colores,
cómo me amargan los años,
las dichas y desengaños
de mis primeros amores.
Gracias, gracias pueblo mío
nunca olvidarte podré
aunque sea tras mi muerte
por siempre habré de quererte
y a tus brazos volveré.
con catorce o quince esquinas,
donde anidan los gorriones
y asoman a sus balcones
las curiosas golondrinas.
Desde sus doce ventanas
tan grandes como gigantes,
se divisa el horizonte
dominado por el monte
y sus peñascos colgantes.
¡Qué bonita está la iglesia
con sus viejitas rezando,
con sus ricas celosías,
con sus santos de vigías
y sus campanas cantando!
Qué bonito está mi pueblo
con sus calles y sus gentes,
las flores en sus balcones,
el vendedor de cupones
y sus faroles silentes.
¡Qué bonito sus jardines
y sus parcelas de rosas,
amores del jardinero
de sus cuidos el primero!
¡Qué bonitas mariposas!
Qué bonita aquella niña
que al mirarme sonreía
con su encanto paseando.
Qué bonita sigue estando
durmiendo a la vera mía
Y qué bella estaba el día
que ante Dios dije sí quiero,
reclinada en aquel banco
con su vestido de blanco
y su cuerpo de velero.
Cómo la quise y la quiero *
a mi rosa Quinteriana,
de rosaleda sonriente
y la más límpida fuente,
la robe por la mañana.
Gracias mi querido pueblo,
aunque me hiciste crecer
entre pena y alegría,
hoy en ti yo moriría
al lado de mi mujer.
Cómo me tira tu tierra,
cómo añoro tus colores,
cómo me amargan los años,
las dichas y desengaños
de mis primeros amores.
Gracias, gracias pueblo mío
nunca olvidarte podré
aunque sea tras mi muerte
por siempre habré de quererte
y a tus brazos volveré.
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