Mauricio Del Piano
Poeta recién llegado
Siempre algo se cruza
en el ir y venir de nuestros cuerpos,
el templado aire que respiramos
tan a la acera de nuestros labios
o, a veces,
es sólo el silencio
de sentirte cerca: entrelazadas nuestras manos.
El aroma de tu pelo
enredado en la periferia de mis ojos
o mi nariz embriagada por el aroma
de tu cuello:
sinfonía y concierto,
partitura escrita en la pauta de lo cielos
cincelada por pinceles plasmados
en cada partícula del aliento,
manifiesto en tu sonrisa: cadencia pura para mí,
escondiendo tanta madrugada en tus secretos.
Imperecedera.
Tu derrotero, camino amable,
vuelas junto a mí: sendero inagotable.
Eres el raudal de la tierra
que no conoce ni otoños ni primaveras:
espacio templado en que vive el aire
que respiramos; más mi único verso,
que cae del cosmos al papel.
en el ir y venir de nuestros cuerpos,
el templado aire que respiramos
tan a la acera de nuestros labios
o, a veces,
es sólo el silencio
de sentirte cerca: entrelazadas nuestras manos.
El aroma de tu pelo
enredado en la periferia de mis ojos
o mi nariz embriagada por el aroma
de tu cuello:
sinfonía y concierto,
partitura escrita en la pauta de lo cielos
cincelada por pinceles plasmados
en cada partícula del aliento,
manifiesto en tu sonrisa: cadencia pura para mí,
escondiendo tanta madrugada en tus secretos.
Imperecedera.
Tu derrotero, camino amable,
vuelas junto a mí: sendero inagotable.
Eres el raudal de la tierra
que no conoce ni otoños ni primaveras:
espacio templado en que vive el aire
que respiramos; más mi único verso,
que cae del cosmos al papel.