Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
Amnistía
El presidente autorizó la salida de los presos.
Las grises figuras formaron largas filas,
sus sombras se proyectaron en el horizonte inalcanzable
más allá de los muros de la vergüenza.
Esperaron a que los guardias callaran sus aceradas voces.
La noche cubrió los sueños inconclusos
tras los barrotes de las sucias celdas.
Las paredes del odio aprisionaron los recuerdos
y soltaron las tristezas.
En el frio patio, iluminados por hilos de plata,
con los pies desnudos, pisando vidrios lacerantes,
marcharon taciturnos.
Tras ellos se cerraron las pesadas puertas,
reteniendo el recuerdo de todo lo perdido.
El presidente autorizó la salida de los presos.
Las grises figuras formaron largas filas,
sus sombras se proyectaron en el horizonte inalcanzable
más allá de los muros de la vergüenza.
Esperaron a que los guardias callaran sus aceradas voces.
La noche cubrió los sueños inconclusos
tras los barrotes de las sucias celdas.
Las paredes del odio aprisionaron los recuerdos
y soltaron las tristezas.
En el frio patio, iluminados por hilos de plata,
con los pies desnudos, pisando vidrios lacerantes,
marcharon taciturnos.
Tras ellos se cerraron las pesadas puertas,
reteniendo el recuerdo de todo lo perdido.