Irma Recio Lopez
Poeta recién llegado
Los brazos extendidos para imitar el vuelo
de las inquietas aves que atraviesan los cielos
y enhiben por el orbe su color y su forma,
desconociendo ufanas del mundo toda norma.
Por los ojos abiertos absorber el paisaje,
el mismo que se extiende tan sublime y salvaje;
que imponente en el alma se arraigue y atrevido
alumbre el lado oscuro del pecho conmovido.
Que mis piernas transiten rápidas los senderos,
que los pies se me llaguen caminando los suelos
y cómplices me acerquen hasta tu misma vera,
cruzándome contigo, sin cambiar de vereda.
Con la razón abierta y el corazón en calma,
besarnos en la boca hasta que tiemble el alma,
estrecharnos amantes y perder el sentido
de la vida y la muerte, de los propios latidos.
Comprobar que tú existes, que el sueño se ha cumplido,
que me esperas ansioso para unir los destinos
y rebelde y hermoso, me tomes en tus brazos
desoyendo los ecos de todos mis fracasos.
de las inquietas aves que atraviesan los cielos
y enhiben por el orbe su color y su forma,
desconociendo ufanas del mundo toda norma.
Por los ojos abiertos absorber el paisaje,
el mismo que se extiende tan sublime y salvaje;
que imponente en el alma se arraigue y atrevido
alumbre el lado oscuro del pecho conmovido.
Que mis piernas transiten rápidas los senderos,
que los pies se me llaguen caminando los suelos
y cómplices me acerquen hasta tu misma vera,
cruzándome contigo, sin cambiar de vereda.
Con la razón abierta y el corazón en calma,
besarnos en la boca hasta que tiemble el alma,
estrecharnos amantes y perder el sentido
de la vida y la muerte, de los propios latidos.
Comprobar que tú existes, que el sueño se ha cumplido,
que me esperas ansioso para unir los destinos
y rebelde y hermoso, me tomes en tus brazos
desoyendo los ecos de todos mis fracasos.