La llegada de la noche.

Carlos Aristy

Poeta que considera el portal su segunda casa





Cae el sol esta tarde en su eterna lucha con la noche,
las sombras quieren contenerlo todo para que otro soles
le adornen su majestuoso negro manto.
¡Ay, la cosecha de estrellas en la noche!

Yo a veces salgo a cazar algunas, las fugaces estrellas
que acarician la atmósfera del planeta,
como mis tímidas manos sobre tu senos,
queriendo contener el conocimiento del deseo.

Yo sé, que como ellas, el deseo es fugaz,
pero el amor que por ti siento es eterno.
¿Y cómo no serlo? Es tu voz la que alimenta el sueño,
es tu calor, de piel en piel, cuando duermo,
son tus caricias para cobijar el miedo
y calmar las aguas del torbellino de mi río.

¡Ah mi río! En su cauce pedregoso delineándolo todo.
Como yo te amo, amada mía.

Cae el sol, colgado de la noche,
para que el derroche de otro soles
brillen en mi universo, para la cacería de tus ojos;
y yo te veo allí en el mismo medio de la noche,
y yo te siento respirar en el cielo austral, más claro,
y yo escucho tu voz por la radio de mi corazón
cuando se precipita desde el norte boreal.

¡Cuanto te amo, amor!
Como un niño diría, así de grande es mi amor.
Esta noche, cuando se caiga el sol,
ven a mi río para ver el reflejo de tus ojos, amor.



De las uvas de tu cuerpo (8).
Washington, DC
11 de Agosto de 2008.
 





Cae el sol esta tarde en su eterna lucha con la noche,
las sombras quieren contenerlo todo para que otro soles
le adornen su majestuoso negro manto.
¡Ay, la cosecha de estrellas en la noche!

Yo a veces salgo a cazar algunas, las fugaces estrellas
que acarician la atmósfera del planeta,
como mis tímidas manos sobre tu senos,
queriendo contener el conocimiento del deseo.

Yo sé, que como ellas, el deseo es fugaz,
pero el amor que por ti siento es eterno.
¿Y cómo no serlo? Es tu voz la que alimenta el sueño,
es tu calor, de piel en piel, cuando duermo,
son tus caricias para cobijar el miedo
y calmar las aguas del torbellino de mi río.

¡Ah mi río! En su cauce pedregoso delineándolo todo.
Como yo te amo, amada mía.

Cae el sol, colgado de la noche,
para que el derroche de otro soles
brillen en mi universo, para la cacería de tus ojos;
y yo te veo allí en el mismo medio de la noche,
y yo te siento respirar en el cielo austral, más claro,
y yo escucho tu voz por la radio de mi corazón
cuando se precipita desde el norte boreal.

¡Cuanto te amo, amor!
Como un niño diría, así de grande es mi amor.
Esta noche, cuando se caiga el sol,
ven a mi río para ver el reflejo de tus ojos, amor.



De las uvas de tu cuerpo (8).
Washington, DC
11 de Agosto de 2008.


Qué belleza de versos. Profundos, emocionados, delicadamente elocuentes.
Aquí están mis cinco estrellas y para ti, un beso con mi admiración,:::hug:::
 
Monumentales versos !!!

El sol intenta conservar una poca de luz
en este cielo que se detiene a mirarme,
que pierde nubes, sueños.
Como mi alma que llora en silencio.

Un verdadero honor leerte en esta majestuosa interpretación de tus sentimientos, donde el detalle poético hace gala de presentación y se expone en espléndida belleza.
 
Cae el sol esta tarde en su eterna lucha con la noche,
las sombras quieren contenerlo todo para que otro soles
le adornen su majestuoso negro manto.
¡Ay, la cosecha de estrellas en la noche!

Yo a veces salgo a cazar algunas, las fugaces estrellas
que acarician la atmósfera del planeta,
como mis tímidas manos sobre tu senos,
queriendo contener el conocimiento del deseo.

Yo sé, que como ellas, el deseo es fugaz,
pero el amor que por ti siento es eterno.
¿Y cómo no serlo? Es tu voz la que alimenta el sueño,
es tu calor, de piel en piel, cuando duermo,
son tus caricias para cobijar el miedo
y calmar las aguas del torbellino de mi río.

¡Ah mi río! En su cauce pedregoso delineándolo todo.
Como yo te amo, amada mía.

Cae el sol, colgado de la noche,
para que el derroche de otro soles
brillen en mi universo, para la cacería de tus ojos;
y yo te veo allí en el mismo medio de la noche,
y yo te siento respirar en el cielo austral, más claro,
y yo escucho tu voz por la radio de mi corazón
cuando se precipita desde el norte boreal.

¡Cuanto te amo, amor!
Como un niño diría, así de grande es mi amor.
Esta noche, cuando se caiga el sol,
ven a mi río para ver el reflejo de tus ojos, amor.



De las uvas de tu cuerpo (8).
Washington, DC
11 de Agosto de 2008.



...Esta noche, cuando se caiga el sol,
ven a mi río para ver el reflejo de tus ojos, amor.

Una belleza este cierre, que se prenda en el alma al unísono con todo el conjunto...

Placer como siempre recorrer la senda de tu poesía...

Camelia
 
¡Qué hermoso poema, Carlos!
Me fascinan la cacería de estrellas, esos cielos tan particulares que pintás, estos versos:

Es tu voz la que alimenta el sueño,
es tu calor, de piel en piel, cuando duermo,
son tus caricias para cobijar el miedo
y calmar las aguas del torbellino de mi río.


Besos y mis estrellitas felices de haberte leído.

Me alegra te gustara el poema, gracias por tu bello comentario. Besos.
 
Víctor Ugaz Bermejo;1613798 dijo:
Monumentales versos !!!

El sol intenta conservar una poca de luz
en este cielo que se detiene a mirarme,
que pierde nubes, sueños.
Como mi alma que llora en silencio.

Un verdadero honor leerte en esta majestuosa interpretación de tus sentimientos, donde el detalle poético hace gala de presentación y se expone en espléndida belleza.

Gracias Victor, el honor es mio por tu lectura. Abrazos desde Washington.
 





Cae el sol esta tarde en su eterna lucha con la noche,
las sombras quieren contenerlo todo para que otro soles
le adornen su majestuoso negro manto.
¡Ay, la cosecha de estrellas en la noche!

Yo a veces salgo a cazar algunas, las fugaces estrellas
que acarician la atmósfera del planeta,
como mis tímidas manos sobre tu senos,
queriendo contener el conocimiento del deseo.

Yo sé, que como ellas, el deseo es fugaz,
pero el amor que por ti siento es eterno.
¿Y cómo no serlo? Es tu voz la que alimenta el sueño,
es tu calor, de piel en piel, cuando duermo,
son tus caricias para cobijar el miedo
y calmar las aguas del torbellino de mi río.

¡Ah mi río! En su cauce pedregoso delineándolo todo.
Como yo te amo, amada mía.

Cae el sol, colgado de la noche,
para que el derroche de otro soles
brillen en mi universo, para la cacería de tus ojos;
y yo te veo allí en el mismo medio de la noche,
y yo te siento respirar en el cielo austral, más claro,
y yo escucho tu voz por la radio de mi corazón
cuando se precipita desde el norte boreal.

¡Cuanto te amo, amor!
Como un niño diría, así de grande es mi amor.
Esta noche, cuando se caiga el sol,
ven a mi río para ver el reflejo de tus ojos, amor.



De las uvas de tu cuerpo (8).
Washington, DC
11 de Agosto de 2008.



Y si, la llegada de la noche no hace más que reflejar la propia luz de tus versos amigo Carlos, plenos de ternura, de calor, del color rojo del amor...

Mis aplausos para ti poeta!

Big saludos
 
El que ama eternamente es el verdadero enamorado, por que no ama lo superficial, y hasta la gracia de Dios le esta cerca por su capacidad de valorar en justa medida. Este poema lo siento profundamente hermano Carlos. Felicidades por tu obra.
 
Señor! PERO QUÈ POEMAZO, WOWWWW
lo que el amor hace, y si no es amor, la buena inspiraciòn,
seguro tiene su amada, que le da momentos de estrellas.:::sonreir1:::
aplausos poeta!
gracias por estar en mis letras.
besos desde Ecuador:::hug:::








Cae el sol esta tarde en su eterna lucha con la noche,
las sombras quieren contenerlo todo para que otro soles
le adornen su majestuoso negro manto.
¡Ay, la cosecha de estrellas en la noche!

Yo a veces salgo a cazar algunas, las fugaces estrellas
que acarician la atmósfera del planeta,
como mis tímidas manos sobre tu senos,
queriendo contener el conocimiento del deseo.

Yo sé, que como ellas, el deseo es fugaz,
pero el amor que por ti siento es eterno.
¿Y cómo no serlo? Es tu voz la que alimenta el sueño,
es tu calor, de piel en piel, cuando duermo,
son tus caricias para cobijar el miedo
y calmar las aguas del torbellino de mi río.

¡Ah mi río! En su cauce pedregoso delineándolo todo.
Como yo te amo, amada mía.

Cae el sol, colgado de la noche,
para que el derroche de otro soles
brillen en mi universo, para la cacería de tus ojos;
y yo te veo allí en el mismo medio de la noche,
y yo te siento respirar en el cielo austral, más claro,
y yo escucho tu voz por la radio de mi corazón
cuando se precipita desde el norte boreal.

¡Cuanto te amo, amor!
Como un niño diría, así de grande es mi amor.
Esta noche, cuando se caiga el sol,
ven a mi río para ver el reflejo de tus ojos, amor.



De las uvas de tu cuerpo (8).
Washington, DC
11 de Agosto de 2008.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba