Cesar Cabello Araya
Poeta recién llegado
Regálame tu silencio suave después de un beso,
muéstrame aquella sonrisa de tus labios rojos,
regálame el silencio de un abrazo muy fraterno,
y tu imagen prendida en el centro de mis ojos.
Dame el silencio de esta despedida mortal,
cubre mis sienes de la pasión de tus manos,
oculta toda la amargura en este triste final,
que no soportaré el tener que separarnos.
El silencio también ahoga las miles de palabras,
nos quedamos silentes en esta noche tan fría,
los recuerdos se confunden, y arden en llamas,
nunca imaginamos que esto algún día pasaría.
A pesar de todas las palabras que nos dijimos,
los besos, los abrazos, de las caricias regaladas,
no fuimos capaces de afrontar eso que vivimos,
se enmudecía el amor y nosotros sin decir nada.
El silencio arrastro consigo todo lo que sentimos,
arrastro este amor, enmudeciendo nuestras almas,
y nos alejamos, ya no hay llantos, ambos asumimos,
ya es tarde, el silencio ha secado nuestras lágrimas...
muéstrame aquella sonrisa de tus labios rojos,
regálame el silencio de un abrazo muy fraterno,
y tu imagen prendida en el centro de mis ojos.
Dame el silencio de esta despedida mortal,
cubre mis sienes de la pasión de tus manos,
oculta toda la amargura en este triste final,
que no soportaré el tener que separarnos.
El silencio también ahoga las miles de palabras,
nos quedamos silentes en esta noche tan fría,
los recuerdos se confunden, y arden en llamas,
nunca imaginamos que esto algún día pasaría.
A pesar de todas las palabras que nos dijimos,
los besos, los abrazos, de las caricias regaladas,
no fuimos capaces de afrontar eso que vivimos,
se enmudecía el amor y nosotros sin decir nada.
El silencio arrastro consigo todo lo que sentimos,
arrastro este amor, enmudeciendo nuestras almas,
y nos alejamos, ya no hay llantos, ambos asumimos,
ya es tarde, el silencio ha secado nuestras lágrimas...