duf9991
Poeta adicto al portal
La Muerte arrastra tranquila sus maletas;
en su maletín carga su ropa descuidada:
Dos vestidos largos, negros, con capucha,
unas botas negras de un material que solo
el Destino conoce,
dos haces, por si el filo de una se acaba,
dos cielos, un mar, y un final.
La Muerte prepara su ida relajada,
un tanto deprimida y triste, la Muerte
vuelve sus ojos hacia el Mundo,
y viendo la mezcolanza de cafés y rojos,
y azules caídos, cierra sus ojos
inexistentes y llora una lágrima que tampoco
existe.
Y sonríe con dientes transparentes,
mientras llora. Sonríe de nostalgia.
La Muerte cierra sus maletas preparada
para irse a un lugar que solo
el Destino conoce, carga su ropa
descuidada:
dos vestidos, dos botas, dos haces,
y con sus dos manos huesudas, temblorosas,
las carga hacia el profundo abismo
cuyo final solo
el Destino conoce.
La Muerte se va hacia otro mundo,
montada en una mota de polvo,
viajando sin tiempos ni agujas,
ni sangre ni colores ni esperanza.
Ningún cambio.
La Muerte se va, pues se ha quedado sin trabajo
en este mundo de cafés y rojos
y azules caídos, no ha encontrado
ser vivo que le sirva en su quehacer
todo está Muerto,
y la Muerte está despedida
Adiós Dice con su boca ausente,
y nos deja un sinsabor en nuestros muertos labios,
y musitando unas palabras que solo
el Destino conoce,
arrastra sus maletas en su mota de polvo
y se arrastra ella también, por el piso seco y café,
y se va por siempre, hacia un lugar que solo
el Destino conoce.
en su maletín carga su ropa descuidada:
Dos vestidos largos, negros, con capucha,
unas botas negras de un material que solo
el Destino conoce,
dos haces, por si el filo de una se acaba,
dos cielos, un mar, y un final.
La Muerte prepara su ida relajada,
un tanto deprimida y triste, la Muerte
vuelve sus ojos hacia el Mundo,
y viendo la mezcolanza de cafés y rojos,
y azules caídos, cierra sus ojos
inexistentes y llora una lágrima que tampoco
existe.
Y sonríe con dientes transparentes,
mientras llora. Sonríe de nostalgia.
La Muerte cierra sus maletas preparada
para irse a un lugar que solo
el Destino conoce, carga su ropa
descuidada:
dos vestidos, dos botas, dos haces,
y con sus dos manos huesudas, temblorosas,
las carga hacia el profundo abismo
cuyo final solo
el Destino conoce.
La Muerte se va hacia otro mundo,
montada en una mota de polvo,
viajando sin tiempos ni agujas,
ni sangre ni colores ni esperanza.
Ningún cambio.
La Muerte se va, pues se ha quedado sin trabajo
en este mundo de cafés y rojos
y azules caídos, no ha encontrado
ser vivo que le sirva en su quehacer
todo está Muerto,
y la Muerte está despedida
Adiós Dice con su boca ausente,
y nos deja un sinsabor en nuestros muertos labios,
y musitando unas palabras que solo
el Destino conoce,
arrastra sus maletas en su mota de polvo
y se arrastra ella también, por el piso seco y café,
y se va por siempre, hacia un lugar que solo
el Destino conoce.
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