Tu extraño nombre
acompaña a un simple saludo
con palabras que del azul
cielo intenso de pequeño atardecer
sin aire, sin aire emigran.
Poseedoras del cristal de los sueños
tus ventanas
trasladan a lo imposible
y te ves, por caminos en lo alto
librando ilusiones de aquellas nubes
que no se saben expresar.
Cuando salvajes son las heridas
y a lo inesperado
como una piedra te arrojan
un corazón insólito es refugio
las sorpresas incompetentes se declaran
y la verdad oculta en cada huella
de soledad
pisa suelo.
Enredándote en pensamientos
de los que nadie es dueño
tu propia tormenta
facilita el poder de lo intangible
invencible, tuya
creas el alma
para que ojos
por el mundo que has creado
sigan buscándote y siempre
siempre tú, inalcanzable seas.