Monimar
Poeta recién llegado
Miro esas nubes, y me descubro deseando su lluvia
no importa demasiado que sea lluvia cálida,
seguro que se muestra intransigente y débil,
porque esa es la cualidad que tiene este día
y todo lo que en el suceda.
En el mes de agosto
no se desean los besos,
no se hacen los amores,
ni se tocan los labios,
no, en un mes así no se dan caricias ni abrazos,
no se mira desde los centímetros,
no se ofrece el aliento,
ni las palabras...
Espero que no se note
[en demasía]
que no estás,
o me vería obligada a cambiar estas frases,
porque resulta cargante, ser consciente,
saberlo con una seguridad irritante,
que no es conveniente ofrecer calor
[so pena de quedar desprovista]
Solo el bochorno confunde hasta la saciedad,
solo el sudor ridiculiza las pieles juntas,
y todo se vuelve discípulo de la temperatura,
en medio de tanto desconcierto
me atrevo a preguntar por ti,
a querer saber como te sientes,
qué necesitas, o qué deseas en este momento.
[Qué hay detrás de tu silencio]
Pero me torno a mi,
ególatra aparente,
para saber que soy un gajo de naranja,
una fruta seccionada por su justa mitad,
pero dejo de serlo,
al saber todo a la perfección,
[me miro ante tu espejo]
Sé que te sientes olvidado por el regadío,
y que mermas tu existencia en una espera,
sé que te da más pena la soledad que el sudor,
y conozco bien los designios del calor externo,
pero yo, como tú,
me atrevo a retar a la sangre,
y agradezco que el verano llegue triste,
que todavía pueda salir a mojarme,
y que tenga otra sed,
distinta a la que tengo de ti,
porque una vez más
es cuestión de temperatura.
Así que quiero amarte,
y lo hago,
porque el calor del mundo ya es nuestro
aunque no podamos demostrarlo ahora
y esté contenido hasta una nueva aurora.
no importa demasiado que sea lluvia cálida,
seguro que se muestra intransigente y débil,
porque esa es la cualidad que tiene este día
y todo lo que en el suceda.
En el mes de agosto
no se desean los besos,
no se hacen los amores,
ni se tocan los labios,
no, en un mes así no se dan caricias ni abrazos,
no se mira desde los centímetros,
no se ofrece el aliento,
ni las palabras...
Espero que no se note
[en demasía]
que no estás,
o me vería obligada a cambiar estas frases,
porque resulta cargante, ser consciente,
saberlo con una seguridad irritante,
que no es conveniente ofrecer calor
[so pena de quedar desprovista]
Solo el bochorno confunde hasta la saciedad,
solo el sudor ridiculiza las pieles juntas,
y todo se vuelve discípulo de la temperatura,
en medio de tanto desconcierto
me atrevo a preguntar por ti,
a querer saber como te sientes,
qué necesitas, o qué deseas en este momento.
[Qué hay detrás de tu silencio]
Pero me torno a mi,
ególatra aparente,
para saber que soy un gajo de naranja,
una fruta seccionada por su justa mitad,
pero dejo de serlo,
al saber todo a la perfección,
[me miro ante tu espejo]
Sé que te sientes olvidado por el regadío,
y que mermas tu existencia en una espera,
sé que te da más pena la soledad que el sudor,
y conozco bien los designios del calor externo,
pero yo, como tú,
me atrevo a retar a la sangre,
y agradezco que el verano llegue triste,
que todavía pueda salir a mojarme,
y que tenga otra sed,
distinta a la que tengo de ti,
porque una vez más
es cuestión de temperatura.
Así que quiero amarte,
y lo hago,
porque el calor del mundo ya es nuestro
aunque no podamos demostrarlo ahora
y esté contenido hasta una nueva aurora.