aoz
Poeta recién llegado
Oda a la Muerte
I
Como errante hipo que adviene
al preciso inconsciente agujero de la hora.
Como ras de brisa fría sublevada
al impacto crispido de la piel.
Como próvido pianista acaeces
con todo el respeto de la luz
así sobrevienes, tú destino negro,
en el aviso
sicalíptico de sombra no visible.
II
Hetéx.
Inexorable,
como vernáculo instinto al foráneo
rebuscas
la representación optada
de la imagen propia
con la cara más profunda de los rostros,
con la mueca más íntima del pecado
cual remordimiento, cual perdón
se sostienen ligeros e inútiles
mientras
impulsas e arrastras del aura
el espíritu proveniente de la forma
hacia el incierto mundo de los caminos
III
Eres guía, el adyacente diplomático
circundado entre lo cóncavo de los planos;
y en ti permanecen
-seráficos-
para que fluyan las imágenes de lo vivido:
la veloz película
observada a través
de la crítica versión del ojo angelical.
IV
Después del juicio,
y después de los viajes
abundantes
hasta lo fértil: el vientre, la semilla, la larva, el grano, la yema, el átomo, la luz,
en fin la nueva vida.
Después del ciclo.
¿Acaso,
en algún instante,
ese manto oscuridad de los hombros
revelará en algún infante tu luz en su mirada?
Ah la muerte
Por tus venas corre la blancura aglomerada
y espesa de la luz
con el cuerpo de la sombra.
V
En el día de mi muerte
impío yaceré en la tumba
a la costumbre erguida de un faraón,
y en ti óptimo
sonreiré con mi propia culpa.
Gino Alexander Amaya
20 Marzo 2008
I
Como errante hipo que adviene
al preciso inconsciente agujero de la hora.
Como ras de brisa fría sublevada
al impacto crispido de la piel.
Como próvido pianista acaeces
con todo el respeto de la luz
así sobrevienes, tú destino negro,
en el aviso
sicalíptico de sombra no visible.
II
Hetéx.
Inexorable,
como vernáculo instinto al foráneo
rebuscas
la representación optada
de la imagen propia
con la cara más profunda de los rostros,
con la mueca más íntima del pecado
cual remordimiento, cual perdón
se sostienen ligeros e inútiles
mientras
impulsas e arrastras del aura
el espíritu proveniente de la forma
hacia el incierto mundo de los caminos
III
Eres guía, el adyacente diplomático
circundado entre lo cóncavo de los planos;
y en ti permanecen
-seráficos-
para que fluyan las imágenes de lo vivido:
la veloz película
observada a través
de la crítica versión del ojo angelical.
IV
Después del juicio,
y después de los viajes
abundantes
hasta lo fértil: el vientre, la semilla, la larva, el grano, la yema, el átomo, la luz,
en fin la nueva vida.
Después del ciclo.
¿Acaso,
en algún instante,
ese manto oscuridad de los hombros
revelará en algún infante tu luz en su mirada?
Ah la muerte
Por tus venas corre la blancura aglomerada
y espesa de la luz
con el cuerpo de la sombra.
V
En el día de mi muerte
impío yaceré en la tumba
a la costumbre erguida de un faraón,
y en ti óptimo
sonreiré con mi propia culpa.
Gino Alexander Amaya
20 Marzo 2008