La creación comienza en ti,
en el cristal floreciente
de tu nardo adolescente
y en tus labios colibrí.
Tú derramas sobre mí
las mieles del abejero;
extracto de tu venero
me vas construyendo, y sellas
con tus manos las estrellas
para iluminar mi estero.
Concentras mis pensamientos
en la esencia de tu poro
a donde arribo y me azoro
al mirar los elementos:
apenas si son fragmentos
sumando su plenitud
sin conseguir la virtud
para superarte, y luego:
agua, aire, tierra y fuego
ceden a tu juventud.
Eres cascada, eres mar
y eres lágrima también,
y el lago donde se ven
los narcisos sin llegar
tu onda límpida a tocar
aun creyéndote en su fragua.
Láctea vía de mi piragua,
niña de estrato florido,
a mi desierto has venido
a renacerme con tu agua.
Viaja en el viento tu pie
y tu canto de canario,
tu risa de campanario,
tu inagotable quinqué.
Bebí tu aliento y ya sé
el sabor de tu relente,
tu pasado y tu presente
y lo infinito de tu alma;
eres caricia que ensalma
porque aire eres: transparente.
Basta mirar la semilla
para entender el vigor
que le infunden tu calor
y tu caricia a la arcilla.
Eres la milpa sencilla,
el bosque azul y la sierra
donde la vida se aferra
a seguir con su escalada
y por no quedarse en nada
los brazos hunde en tu tierra.
Rehiciste de mis cenizas
una hoguera sin mesura
y hoy mi relámpago dura
porque en tu piel lo eternizas.
Constelación de sonrisas,
le das un rayo a mi ruego,
y a tu centella me entrego
para que en lava decantes
la pasión que como amantes
nos habitará en tu fuego.
en el cristal floreciente
de tu nardo adolescente
y en tus labios colibrí.
Tú derramas sobre mí
las mieles del abejero;
extracto de tu venero
me vas construyendo, y sellas
con tus manos las estrellas
para iluminar mi estero.
Concentras mis pensamientos
en la esencia de tu poro
a donde arribo y me azoro
al mirar los elementos:
apenas si son fragmentos
sumando su plenitud
sin conseguir la virtud
para superarte, y luego:
agua, aire, tierra y fuego
ceden a tu juventud.
Eres cascada, eres mar
y eres lágrima también,
y el lago donde se ven
los narcisos sin llegar
tu onda límpida a tocar
aun creyéndote en su fragua.
Láctea vía de mi piragua,
niña de estrato florido,
a mi desierto has venido
a renacerme con tu agua.
Viaja en el viento tu pie
y tu canto de canario,
tu risa de campanario,
tu inagotable quinqué.
Bebí tu aliento y ya sé
el sabor de tu relente,
tu pasado y tu presente
y lo infinito de tu alma;
eres caricia que ensalma
porque aire eres: transparente.
Basta mirar la semilla
para entender el vigor
que le infunden tu calor
y tu caricia a la arcilla.
Eres la milpa sencilla,
el bosque azul y la sierra
donde la vida se aferra
a seguir con su escalada
y por no quedarse en nada
los brazos hunde en tu tierra.
Rehiciste de mis cenizas
una hoguera sin mesura
y hoy mi relámpago dura
porque en tu piel lo eternizas.
Constelación de sonrisas,
le das un rayo a mi ruego,
y a tu centella me entrego
para que en lava decantes
la pasión que como amantes
nos habitará en tu fuego.