Cecilia Leiva Arangua
Poeta adicto al portal
UNA TARDE EXTRAÑA
¡Ay! Que tarde más extraña,
se sintió el vacío, el olvido,
quizás hoy sienta dolor,
desconcierto o desesperanza,
tal vez,
no lo sé,
con el tiempo lo podré saber
En esta tarde,
sólo el frío de su mirada fue mi abrigo,
triste encuentro,
después de tanto tiempo,
quizás fue para comprender
Ya es el tiempo de despertar,
porque no hubo un principio, pero sí un final.
Que extraña tarde sentí,
abrupto encuentro, triste momento,
Mas mí corazón que aún no entiende y sólo siente,
sus palpitos se alborotaron,
con el brillo de su mirar
y mi conciencia me decía;
que mirada más fría
y mi corazón insistía con palpitar con más energía,
me hacía sentir una infinita alegría,
a pesar que sabía, que en él amor no había,
¡Ay! que tarde más extraña.
¿Qué sentí?
una tarde alegre, una tarde triste,
no lo sé,
sólo sé, que sentí como ayer,
como antes,
como siempre,
el alma que arde
y el corazón que palpita sin tener conciencia,
sé que sentí la misma alegría que el primer día,
aunque en sus ojos amor no había,
yo lo sabía,
lo sabía,
pero sentí la misma alegría
¡Ay! Que tarde más extraña,
se sintió el vacío, el olvido,
quizás hoy sienta dolor,
desconcierto o desesperanza,
tal vez,
no lo sé,
con el tiempo lo podré saber
En esta tarde,
sólo el frío de su mirada fue mi abrigo,
triste encuentro,
después de tanto tiempo,
quizás fue para comprender
Ya es el tiempo de despertar,
porque no hubo un principio, pero sí un final.
Que extraña tarde sentí,
abrupto encuentro, triste momento,
Mas mí corazón que aún no entiende y sólo siente,
sus palpitos se alborotaron,
con el brillo de su mirar
y mi conciencia me decía;
que mirada más fría
y mi corazón insistía con palpitar con más energía,
me hacía sentir una infinita alegría,
a pesar que sabía, que en él amor no había,
¡Ay! que tarde más extraña.
¿Qué sentí?
una tarde alegre, una tarde triste,
no lo sé,
sólo sé, que sentí como ayer,
como antes,
como siempre,
el alma que arde
y el corazón que palpita sin tener conciencia,
sé que sentí la misma alegría que el primer día,
aunque en sus ojos amor no había,
yo lo sabía,
lo sabía,
pero sentí la misma alegría