Cualquier mujer podría
sentirse conmovida por el canto
que elevan tus palabras, tu porfía,
o al menos con las flores de tu llanto.
Los ojos abriría,
si puertas no, de frente a tu quebranto,
y por curiosidad o cortesía
la ofrenda de tu amor viera entretanto.
Con amor en su ser
se volviera de fuego en tus miradas
cambiándote su luz por tu querella;
a fuerza del querer,
convirtiera su historia en cuento de hadas
cualquier otra mujer pero no ella.
sentirse conmovida por el canto
que elevan tus palabras, tu porfía,
o al menos con las flores de tu llanto.
Los ojos abriría,
si puertas no, de frente a tu quebranto,
y por curiosidad o cortesía
la ofrenda de tu amor viera entretanto.
Con amor en su ser
se volviera de fuego en tus miradas
cambiándote su luz por tu querella;
a fuerza del querer,
convirtiera su historia en cuento de hadas
cualquier otra mujer pero no ella.