Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Abrazados, enlazados, sosteniendo el aire
aceleras tu pecho pegado a mi sangre
mi boca entreabierta... ahogando tu quejido imparable
desciende pertrecha aparcando entre vellos lugares,
embadurnando la crema que engulle el gemido insaciable.
Rodeados, estrechos, aprieto la savia que se deja en tus mares
chorreando ungido adentro en tus baleares
y tu acoges la flama que bulle incontrolable,
por entre las redes ondulantes de este turquesa electrizante.
Sitiados, enredados, respiros entrecortados
se dejan escapar como brioso alazán,
galopando me entrego a la embriagante libertad
y sujeto tus palma
y subyugas mi alma,
que enloquecida desea salir encabritada!!!...
y detener el instante se ha vuelto una hazaña,
sólo siento tu risa que revienta con saña
junto a mi vientre revolcando sus ganas.
Liados suspiros se mezclan y callan
escuchando el silencio apaciguando la trama,
testigo es la sombra recortada en el alba,
que cálida se mece apegado a tu espalda
y quietos quedamos presagiando la magia,
de advertirnos abrazados hasta cuando muera la madrugada
aceleras tu pecho pegado a mi sangre
mi boca entreabierta... ahogando tu quejido imparable
desciende pertrecha aparcando entre vellos lugares,
embadurnando la crema que engulle el gemido insaciable.
Rodeados, estrechos, aprieto la savia que se deja en tus mares
chorreando ungido adentro en tus baleares
y tu acoges la flama que bulle incontrolable,
por entre las redes ondulantes de este turquesa electrizante.
Sitiados, enredados, respiros entrecortados
se dejan escapar como brioso alazán,
galopando me entrego a la embriagante libertad
y sujeto tus palma
y subyugas mi alma,
que enloquecida desea salir encabritada!!!...
y detener el instante se ha vuelto una hazaña,
sólo siento tu risa que revienta con saña
junto a mi vientre revolcando sus ganas.
Liados suspiros se mezclan y callan
escuchando el silencio apaciguando la trama,
testigo es la sombra recortada en el alba,
que cálida se mece apegado a tu espalda
y quietos quedamos presagiando la magia,
de advertirnos abrazados hasta cuando muera la madrugada