Vicente Moreno
Poeta fiel al portal
Necesidad De Ti.
Enemigo
de todos los tipos de silencio.
¡Horribles!
las palabras explotan al papel.
Estoy Remando desde tus faldas
a mi orilla única
A mi orilla de palabras.
¡Enfrento estas líneas
casi desmayado
de turbulencias!
Porque quiero
hablarte,
hablarte del encierro
que ha extenuado
a mis labios.
Hablarte
de tu completa
trayectoria azul
y de los volcanes negros
que erupcionan
en tus profundos ojos.
Aquí,
en mi casa
de perros
ladradores,
te he merendado
con la vista,
salvando
cada grieta
de estas poesías
arrugadas.
Las mismas
desde donde me fui
sin despedirme.
las ganas de hablarte
se hallaban
todas mías,
las letras de mis odas
propendían a quedarse sin presencias,
¡Se iniciaban solas!
como un chorro
de espuma espesa.
Borbotones sin dirección,
apelando solo, al sin sentido,
a fin de que la tertulia actual
fuera clara y sencilla.
Aún así
Cada cual se aplica y
se estruja a sí misma.
Y cada cual procede a significar
una nueva palabra,
una, descorchada palabra
en celebración.
Detonada, como un grito de auxilio
en torno a la más general
de todas las cosas.
Descalzas para ti,
para que el contacto lunar
aflores desde ellas.
Un manojo de ellas,
azarosas obreras las palabras,
acusará recibo
de este magnifico
descubrimiento.
No sé
Por qué el destino
ha sido sórdido
conmigo.
En todos estos años
me arroja mendrugos
pedacitos, de cosas que se caen a mis pies
chocando
con la armadura inexpugnable
de mis ojos.
Cerrados a la realidad.
Ocultándome
Negándome.
He vivido
despierto
un sueño dilatado,
largo e
interminable.
Tengo la cerviz cansada
de tanto reposar,
heridas la piel
y hasta los pelos
Pero a ti,
no tengo que dirigirme
como a otros.
A ti
solo debo de decir
las palabras que bien
ya sabes.
A ti,
no debo de parlamentar ideas
porque tú, las tienes.
A ti
¿Qué mejor que a ti?
aunque apareces
un poco removida
del calendario
en estos días!
Porque sin ti
las horas son como millones de heridas,
toda una constelación con las horas pasadas.
Ahora,
Entonces,
una brusca palabra sube
y hace surgir un pozo
amargo,
de ellas.
¿Pero tú las sabrás?
¿Las tendrás por oídas?
¿La inmovilidad
Pasará a estirarte los ojos?
¿Trizará tú oído?
Hay maneras extrañas
de enfrentar las cosas.
¡El sentido de la carencia!
¡El contrasentido del orgullo!
¡El sabor del miedo!
cuando se haga a un lado
la propia existencia.
A ti
lo que haz pensado y
lo que no haz dicho;
porque desde hace un tiempo
haces falta aquí
para hablar de ello.
¿Qué me importan los miedos?
Si,
el grado de comprensión
de todas las cosas
yace esposado
a estas hojas virtuales.
Vean
Abajo
¿Dónde están vuestros
miedos poetisa?
Yo te amo más aún,
que cuando te amaba entonces.
El ceño disimula con un gesto hambriento
mientras parapetado espera
el has luminoso
de tus ojos
buscándome.
¡Pero con los pliegues de la carne
aún abierta
donde entre tu y yo
No hay recuerdos
¿Pero resulta torpe decir que te amo?
Enemigo
de todos los tipos de silencio.
¡Horribles!
las palabras explotan al papel.
Estoy Remando desde tus faldas
a mi orilla única
A mi orilla de palabras.
¡Enfrento estas líneas
casi desmayado
de turbulencias!
Porque quiero
hablarte,
hablarte del encierro
que ha extenuado
a mis labios.
Hablarte
de tu completa
trayectoria azul
y de los volcanes negros
que erupcionan
en tus profundos ojos.
Aquí,
en mi casa
de perros
ladradores,
te he merendado
con la vista,
salvando
cada grieta
de estas poesías
arrugadas.
Las mismas
desde donde me fui
sin despedirme.
las ganas de hablarte
se hallaban
todas mías,
las letras de mis odas
propendían a quedarse sin presencias,
¡Se iniciaban solas!
como un chorro
de espuma espesa.
Borbotones sin dirección,
apelando solo, al sin sentido,
a fin de que la tertulia actual
fuera clara y sencilla.
Aún así
Cada cual se aplica y
se estruja a sí misma.
Y cada cual procede a significar
una nueva palabra,
una, descorchada palabra
en celebración.
Detonada, como un grito de auxilio
en torno a la más general
de todas las cosas.
Descalzas para ti,
para que el contacto lunar
aflores desde ellas.
Un manojo de ellas,
azarosas obreras las palabras,
acusará recibo
de este magnifico
descubrimiento.
No sé
Por qué el destino
ha sido sórdido
conmigo.
En todos estos años
me arroja mendrugos
pedacitos, de cosas que se caen a mis pies
chocando
con la armadura inexpugnable
de mis ojos.
Cerrados a la realidad.
Ocultándome
Negándome.
He vivido
despierto
un sueño dilatado,
largo e
interminable.
Tengo la cerviz cansada
de tanto reposar,
heridas la piel
y hasta los pelos
Pero a ti,
no tengo que dirigirme
como a otros.
A ti
solo debo de decir
las palabras que bien
ya sabes.
A ti,
no debo de parlamentar ideas
porque tú, las tienes.
A ti
¿Qué mejor que a ti?
aunque apareces
un poco removida
del calendario
en estos días!
Porque sin ti
las horas son como millones de heridas,
toda una constelación con las horas pasadas.
Ahora,
Entonces,
una brusca palabra sube
y hace surgir un pozo
amargo,
de ellas.
¿Pero tú las sabrás?
¿Las tendrás por oídas?
¿La inmovilidad
Pasará a estirarte los ojos?
¿Trizará tú oído?
Hay maneras extrañas
de enfrentar las cosas.
¡El sentido de la carencia!
¡El contrasentido del orgullo!
¡El sabor del miedo!
cuando se haga a un lado
la propia existencia.
A ti
lo que haz pensado y
lo que no haz dicho;
porque desde hace un tiempo
haces falta aquí
para hablar de ello.
¿Qué me importan los miedos?
Si,
el grado de comprensión
de todas las cosas
yace esposado
a estas hojas virtuales.
Vean
Abajo
¿Dónde están vuestros
miedos poetisa?
Yo te amo más aún,
que cuando te amaba entonces.
El ceño disimula con un gesto hambriento
mientras parapetado espera
el has luminoso
de tus ojos
buscándome.
¡Pero con los pliegues de la carne
aún abierta
donde entre tu y yo
No hay recuerdos
¿Pero resulta torpe decir que te amo?
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