mauricio aguirre
Poeta fiel al portal
yo he visto un néctar de vino
estrellándose en tu boca,
desbordándose sobre la cascada
de tu cuello,
hacia un ondulado
rio entre tus senos,
que suculento fluye hasta el confín
oceánico de la herida abierta,
desde tu fecundo ombligo
hacia el obsceno sueño del hombre
ebrio de amor y apenas dormido.
he sentido como el cuerpo se derrumba
con la caricia de tus dedos,
y al instante he comprendido que contigo
todo hombre corre peligro de convertirse
en un niño perdido.
ahora se que las caricias tuyas ya son
materias aprendidas
que el hilo de oro del cantar de los cantares
me revelo,
y que el amor enigmático tuyo es un vacío
en mis apagados sentidos,
que nauseabundo vaga sobre los escombros
alusivos a esta unión entre lo escrito y lo vivido.
estrellándose en tu boca,
desbordándose sobre la cascada
de tu cuello,
hacia un ondulado
rio entre tus senos,
que suculento fluye hasta el confín
oceánico de la herida abierta,
desde tu fecundo ombligo
hacia el obsceno sueño del hombre
ebrio de amor y apenas dormido.
he sentido como el cuerpo se derrumba
con la caricia de tus dedos,
y al instante he comprendido que contigo
todo hombre corre peligro de convertirse
en un niño perdido.
ahora se que las caricias tuyas ya son
materias aprendidas
que el hilo de oro del cantar de los cantares
me revelo,
y que el amor enigmático tuyo es un vacío
en mis apagados sentidos,
que nauseabundo vaga sobre los escombros
alusivos a esta unión entre lo escrito y lo vivido.
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